Archivos Mensuales: febrero 2016

Agradece lo que sucede, y agradece más lo que no sucede. Aunque parezca lo opuesto, el propósito siempre está presente.

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Agradece lo que sucede, y agradece más lo que no sucede. Aunque parezca lo opuesto, el propósito siempre está presente.

Este día quiero brindar por lo que se ha ido, por lo que está y por lo que estará. Más que todo, quiero brindar por ti, que eres más fuerte que la heroína y más adictiva que un par de besos a mediados de noviembre. Por las veces que trasnoché porque la vida se había puesto tacones y había salido a caminar conmigo de la mano a joder a unos cuantos enamorados que tan perdidos y tan dañados estaban ante sus te quieros.

Mas que brindar por aquellos que están durante el día, quiero hacerlo por los que están de madrugada, que son esos, sin ir más lejos, los que están todo el tiempo, así haya mucha distancia y frío de intermedio. Porque con ellos se comparte un poco más que lágrimas, un poco más que abrazos y un poco más que noches.

Brindo por mis ceros, más que por mis dieces. Por mis abucheos, más que por mis aplausos. Para amar, amar de verdad quise decir, se necesita muchísimo más que unas cuantas palabras sin sentimiento. Para aprender se necesita muchísimo más que un te echo de menos. Sobre todo, brindo por aquellos que valoran mi presencia antes que ésta se convierta en ausencia, porque con ellos aprendí que es más fácil herir que ser herido.

Brindo por las irremediables e interminables caídas, donde me partí la boca por algo que sabía que valía la pena. Y que lo valió. Porque si te paras a pensar que lo que buscas es algo insignificante, siempre será algo, y no un evento extraordinario, fuera de lo común, de lo normal, fuera de este mundo. Porque si miras bien, si te asomas un poquito por la ventana de tus sueños, encontrarás vistas preciosas, que te recordarán por qué estás persiguiéndolas. No se persigue lo que hace daño sino lo que hace bien. Y lo que hace bien siempre son nuestros sueños, las ilusiones que ponemos en ellos, las esperanzas de algún día realizarlos. Lo que hace bien va más allá de nuestras expectativas, porque es una de las pocas cosas que merecen ser encontradas.

Brindo por lo que se ha ido y dejó un hueco que nadie jamás llegará a ocupar, porque lo diseñó tal cual a su medida. Y con medida no me refiero a espacio, sino a la amplitud de las raíces que echó, capaces de cortar cualquier distancia y de romper cualquier atadura. ¿Sabes? Llega un punto en el que te detienes y te pones a pensar que, después de las heridas, también vale la pena seguir intentándolo, caminando en el mismo camino de piedras, porque algún día, éstas sólo te enseñan a bailar y ya no te cortan los pies.

Brindo por todas esas veces que pasaron desapercibidas, porque incluso los ciegos miran muchísimas más cosas de las que miramos nosotros.

Brindo por haberte despedido y no haber sido herida. Hay quien es herida con el tiempo y hay quien es herida en el tiempo. Y, sinceramente, no sé qué es peor, porque a veces me destapo la piel y veo que hay más de las que me gustaría que hubiesen, pero entonces te recuerdo al ser quien me enseñó a enseñarlas con orgullo, porque ellas, decías, son la historia más honesta que una boca no podrá contar jamás.

Te voy a contar un secreto.

Todos tus errores
ya fueron cometidos por otros antes.
Todos tus aciertos
ya han sido disfrutados en otros corazones.

Aquéllos que observas plenos de dicha,
también se encuentran, como tú,
con instantes de descarnada soledad.
Aquéllos que parecen perdidos en su dolor,
también disponen, como tú,
de momentos en los que todo cobra un sentido.

Tu vida no es muy distinta a la de otros,
aunque ni tú, ni ellos, queráis reconocerlo.
Tus intimidades también se representan
en otros escenarios y tus ideas irrepetibles
también encendieron ojos ajenos.

No eres igual que todos,
pero tampoco tan diferente.

No estás sola, y sin embargo, tu tarea esencial,
tan solo te corresponde a ti.

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Tonta yo, por atreverme a escupir la verdad sin importar a quién le llegue.

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Tonta yo, por atreverme a escupir la verdad sin importar a quién le llegue.

Hola, soy yo otra vez. He venido a decirte que te quiero, a pesar de todo, a pasar del tiempo. Me he visto al espejo y me ha salido una arruga en ese rincón de mi rostro donde planificaste un eterno verano. Nos estamos haciendo viejos, ahora que no estás qué difícil resulta lo que en un principio parecía pan comido.

Qué difíciles son las noches: enfrentarlas, soportarlas, sufrirlas. Esta noche me doy cuenta de que no debí preguntar nada, debí de permanecer en silencio, si hablar fue lo que dejó heridas. Ojalá pudiese retroceder el tiempo para plantarte un beso donde puse una excusa; un abrazo donde puse un “hasta pronto”; un “te quiero” donde puse un “no sé qué cojones siento”. No logro comprenderme, ¿es que acaso tú sí lograste hacerlo? A que no, jamás supe cómo dejar de ser interrogativa y las personas como yo, que son pregunta, encuentran la respuesta a todo en alguien.

Sé que en toda historia está quien sale herido y quien sale debiendo, ¿pero qué pasa si quien sale debiendo también sale herido? No intento justificarme, pero qué pasa cuando la vida te pone a prueba y no sabes cómo salir del laberinto sino perdiéndote más y más, hasta llegar a un punto donde te dices a ti mismo “ya no puedo con esto, me doy por vencido”. Pero sigues perdiéndote en cada avenida a la que vas. Porque, déjame recordarte: no todos hemos cogido la técnica para salir de los agujeros a los que caemos. Algunos aún estamos metidos dentro. Y no sabes cuánta soledad hace aquí.

Todo lo que debí hacer fue quedarme quieto, mirándote, contemplándote humana, ver cómo anochecías. Ver cómo tu pelo visitaba tu cara y cómo, entre sonrisa, te lo acomodabas detrás de la oreja, mientras me veías de reojo. Y tus hoyuelos eran un lugar en el que construir todos los futuros que he soñado a lo largo de mi vida. Y decirte que mi vida no sería la misma sin ti, porque fuiste el punto ápice, la montaña más alta que he escalado para ver las estrellas que nacen cuando tu desastre y el mío colisionan. El desastre, para nada es malo, si es algo bonito lo que nace cuando dos se conocen.

Abrazarte por si esta era nuestra última vez, que lo fue: fue nuestra última noche. El instante que marcó un antes y un después tras habernos hecho pedazos intentando construir algo juntos. Nos desplomamos las alas por un cielo que no merecía ni un céntimo de nuestras ganas de volar. De enamorarnos. De amarnos. De quedarnos uno con el otro como se quedan los amantes tras haberse echado muchísimo de menos, tras haber comprendido que no podían vivir el uno sin el otro. Qué importa si existen las almas gemelas o las medias naranjas, si con el tiempo te vas dando cuenta que lo importante es entender que la otra parte está en uno, cuando encuentra la persona indicada que nos hace descubrir esa parte que, como la luna, está oculta, pero siempre fue nuestra, siempre estuvo ahí, esperando a que la descubriéramos.

Permíteme decirte, por si esta es nuestra última vez: Jamás fuimos polos opuestos, aunque siempre hubo algo que nos separó. Llámalo vida, destino o el camino que nos llevó a la misma Roma, pero que uno de los dos supo cómo salir. Las veces en las que te dije que te fueras, fueron las mismas en las que te supliqué, por favor, no, no me dejes. Porque si lo haces, sé que jamás volveré a encontrarnos. Créeme cuando te digo que lo más bonito fue haber coincidido. Yo qué sé, a lo mejor fue en el desastre, pero bien dicen que lo mejor siempre se encuentra donde nadie mira, porque algo ha de brillar dentro de aquellas tristes vistas. No dudes ni un segundo cuando vuelvas a sentirme, o cuando, viendo algún atardecer, un escalofrío te recuerde a mí y de lo mío, de lo nuestro, de lo que fue y estalló fugaz y brutalmente. Porque hay recuerdos, como el tuyo, que golpean fuerte por las noches. Salimos heridos, de eso ya se encarga el corazón de contabilizar las heridas que aún nos hacen tiritar cuando se nos pasa una vaga idea de lo que ya nada volverá.

Dame fuerzas para seguir, porque tu recuerdo pesa muchísimo más que toda mi alma que, por cierto, tan dañada está.

Espera, no te vayas. Aún no. No ves que el invierno llegó y hace frío. Vamos a acostarnos en el sofá y a ver tu película favorita, en la que los protagonistas fuera de escena, son enemigos declarados. Quiero oler tu piel, morder tu labio inferior, sentir la calidez de tus brazos.

Ya nada queda, mi vida. Todo se lo ha llevado el tiempo y él también nos ha llevado a nosotros. Estoy al otro lado de esta soledad, viendo a la esperanza surcar el cielo y la ilusión hacerse añicos.

Dejaré todo lo que fui contigo en esta habitación gris, que mañana no será más que otro lugar en el mundo, un hueco vacío pero que en el fondo, si se busca bien, se encuentran los restos de dos que se amaron hasta hacerse ceniza.

Vivo…porque hay que vivir.

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Vivo…porque  hay que vivir.

Y me miras.
Me miras porque soy un desastre.
Un desastre que no pasa desapercibido por tantos daños.
Y, de pronto, tu sonrisa se adhiere a mis heridas,
en busca de sanación de las mismas,
y ellas no hacen otra cosa que dejarse lamer por la ilusión
y la esperanza otra vez.
Otra vez las cicatrices vuelven a abrirse
sólo para que tú entres
y le des paso continuo de tu vida en la mía.

A veces pienso que vivir es muy parecido a un ascensor,
vas ascendiendo o descendiendo.
Y mientras tanto,
te limitas a mirar,
a quedarte en silencio,
a ver al otro de reojo,
a esperar mientras llegas,
a precipitarte,
a coger vértigo.

A veces me siento como esa canción olvidada,
como los restos del dolor convertidos en arte,
como ese libro que jamás llegarás a leer
porque nadie te lo recomienda.
Ya decides tú que es porque no es bueno
o porque no quiere compartirlo contigo.

En más de alguna línea ajena he visto arder mi infierno,
no sabes lo bonito que llega a ser leerte a ti mismo
en el fuego de otro.
Bonito o terrible.

A veces me siento el blanco perfecto
de una bala que no busca herirme,
pero que consigue hacerme un hueco
donde cualquiera puede entrar y salir
cuando
y
donde quiera.

Ya sabrás tú de las causas perdidas,
de las mariposas muertas en el estómago,
de la última esperanza que envejece mientras espera
algo que la mente le grita: “ve a por ello,
jamás llegará de esta forma”.

Algunas bocas brillan mientras sonríen,
mientras besan,
o mientras callan.
Y comprender que sonreír, besar y callar
es la mejor forma de dar a por culo a la vida.

Tienes derecho a contarte otra historia…

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Tienes derecho a contarte otra historia…

Ya no eres lo que cuentas de ti,
aunque al repetírtelo tiendes a serlo.

Porque en tu historia
han cambiado tus centros,
han cambiado tus contextos,
han cambiado tus maneras,
han surgido retos nuevos
frente a los que has inventado respuestas,
has cambiado tú.

Sí, tú has cambiado,
aunque aún no haya cambiado
la historia vital que cuentas de ti.

Y cada vez que te la repites,
una parte leal, juega a devolvértela.

Tú hoy sabes mucho más,
te has concedido permisos nuevos,
estás logrando cosas que no imaginabas,
has recogido la herencia de tu pasado,
para trascenderlo e ir más allá.
Y tus palabras aún hablan de la que fuiste.

Observa si lo que cuentas es lo que es,
si sigues pensando de ti lo que pensabas,
si tu relato vital se corresponde fielmente
con lo que hoy, y digo hoy, es tu vida.

A veces, tu mayor condena es repetirte,
sin tomar conciencia, “yo soy así”.
Y pretender que eso no tenga consecuencias.

Tú no eres sólo así, ni eres sólo eso.
Y si eres honesta contigo, lo reconocerás.
Y si te permites reconocerlo,
podrás empezar a cambiar tu historia,
a amabilizar tu relato,
a poner coherencia entre lo que vives
y lo que de ti cuentas.

No te limites a contar de ti, sin conciencia,
y así podrás empezar a contar contigo.

Ser hoy es la mejor garantía para seguir siendo mañana.

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Ser hoy es la mejor garantía para seguir siendo mañana.

Ven, que el muy hijo e’ p…. del tiempo no hizo bien su trabajo y es por eso que los recuerdos por las noches me hablan de ti, y me causa un placer autodestructivo.
¿Desde cuando las canciones empezaron a sonar tan tristes?, supongo desde que sonó solo para mí, y es que entraste a mi vida así de inesperada como cuando te fuiste, y debo admitir que desde que no estas el vacío es inevitable.
Yo no puedo, yo no puedo como otros olvidar tan rápido
¿Cómo olvidarte?, si me dejaste tantas cosas para no hacerlo, si tú echaste tus anclas en mí, sin importarte la marea alta que era.
Ven, que no quiero que te conviertas en una historia para contar a alguien mas.
Ven, que contigo quiero descubrir el mito de la primavera con los cerezos.
Ven que aun dueles.
Ven que duele compartir nuestras risas en bocas ajenas.
Ven, para comenzar lo que nunca debió terminar.
Ven, que los puntos suspensivos de nuestra historia, están que se transforman en uno.
Ven, que aun duele leer esas conversaciones que quedaron en el olvido.
Ven, que duele caminar por esos lugares solo, cuando en su momento lo hacía contigo.
Ven, porque quizá si.
Ven, porque quizá eres tú y nadie mas.
Ven porque quizá.
Quizá.

Quiero estar seguro de que he llegado
antes de que un día pueda pensar en irme.
Quiero saber que he logrado conocerte
por si una mañana de repente te siento extraño.
Quiero sentir que he intentado amarte
para no acabar reprochándome la ocasión perdida.

En definitiva, quiero vivir,
quiero saber y proclamar que he vivido,
con ganas, con certeza, intensamente,
por si un día descubro que mi vida empieza a irse
cuando ya no hay tiempo suficiente.

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Desde hace unos meses, la melodía de mi móvil tiene la canción de “los payasos de la tele”…
Sí, aquella que dice: “…había una vez… un circo…”
Pero no porque me “alegre el corazón”, sino porque últimamente todo me parece un circo…
Así, cada vez que suena el móvil, pienso… Menudo circo está hecho este mundo… Está todo patas arriba…

Llevo varios días pensando en cambiarla… Y la primera que me viene a la cabeza resulta que es aquella de Héroes del Silencio cuya letra dice: “…siempre es la misma canción…,el mismo espectador…, en el mismo teatro…”
Eso me da qué pensar…

Y entonces, sin querer, mezclo las dos letras y tarareo: “…siempre es la misma canción… el mismo espectador… en el mismo circo…”

Y es cuando ya empiezo a preocuparme…

¿No tienes la sensación que últimamente todo es un circo donde los personajes que actúan repiten una y otra vez la misma función, con los mismos actos, con los mismos discursos…, ya manidos, y anticuados?…

Crisis, política, enfermedades, problemas… Una y otra vez la misma función.
Más problemas políticos, otra ración de crisis, fraudes, o nuevos brotes de ébola…
Seguimos en el mismo circo, en el mismo teatro, los mismos actores, la misma mediocridad. ..
Y entonces, me desanimo… Pienso que no se puede salir…

… Pero es entonces cuando te veo
Es entonces cuando una mirada…
Cuando esa simple e inocente sonrisa…
Cuando un abrazo, una caricia, una palabra…
Me hacen darme cuenta de que la canción es y no es así…

Siempre es la misma canción… ¿Siempre?
En el mismo circo… ¿Siempre?

¿Sabes? Pues puede ser que así sea… Pero también es cierto que puedo elegir con qué ojos verlo…
Cómo escuchar la melodía…
Cómo ver y vivir el circo…

¡¿Acaso dos besos saben siempre igual?!
¡¿Acaso dos abrazos se sienten de la misma forma?!
¡¿Acaso todos los “te quiero” suenan igual?!
Esa canción, ¿siempre te hace sentir de la misma forma?

¡Puedo elegir!
¡Puedes elegir!
¡Quiero elegir!
¡Quieres elegir!

¿Y sabes? siempre es la misma canción, pero ahora el espectador, aunque el mismo, sabe elegir cómo sentir, cómo escuchar, cómo ver, cómo vivir, aquella canción…

… Y aunque el circo es “el mismo”, el mismo ya ha cambiado, pues ahora puedes elegir tu manera de verlo, de sentirlo, de vivirlo…

¿Y sabes otra cosa? Sin haber cambiado la melodía de mi móvil, la melodía de mi móvil, hoy, suena diferente…

Y tú sabes, que ya que no celebras todo lo que te sucede, tampoco es obligatorio lamentar todo lo que ocurre.

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Y tú sabes, que ya que no celebras todo lo que te sucede,  tampoco es obligatorio lamentar todo lo que ocurre.

Hace tiempo te prometí que escribiría sólo para ti.

Pero tú no debías saber que te estoy escribiendo, porque si lo descubrieras, podría perder parte de la magia.

Así que, quiero que sepas, que esto que lees, no es para ti…

…Y ahora que sabes que no te escribo a ti, me gustaría no decirte que…

No eres una persona divertida como pocas.

Ni imaginativa, ni risueña, ni tenaz hasta la médula.

No desprendes alegría, armonía y energía, allá por donde pasas.

No destacas entre las demás, sólo por ser quien eres.

No quiero que sepas que no eres una estrella que ilumina allá por donde pasa.

No quiero que sepas que eres ese ser capaz de cambiar las cosas.

No eres capaz de alegrarme el día o la tarde o la noche.

No eres capaz de sacar lo mejor de mí

No sabes estar ahí cuando lo necesito.

Ni entenderme incluso sin hablar.

No sabes leer mis ojos.

Ni sentir mi corazón.

No eres única y especial.

No eres la persona más maravillosa que he encontrado en mi camino…

Y para terminar… Sólo recordarte, que esto que acabas de leer… No es para ti…

Sé feliz.

Llegué para quedarme…

Aunque, no sé si tiene sentido decirte que llegué…

¿Recuerdas aquel día?
Sabías, intuías y sentías que, realmente, de alguna forma, siempre había estado…

Algo dentro de ti sabía que siempre había estado a tu lado.

Y algo dentro de mi, sabía que siempre habías estado al mío.

Y fue por eso, que ese día, no fue un primer encuentro, sino uno más de nuestros reencuentros.

No me pareciste una persona extraña, sino alguien familiar al que ya amaba, incluso antes de aquel día.

No te parecí un extraño, sino un alma gemela con quien ya habías compartido parte de tu ser…

Puede que no te gustara mi atuendo, mi peinado o mi colonia…

Pero pese a ello, sabías que había algo más, algo que estaba más allá de lo tangible…

Sabías que estábamos unidos desde antes de ese día…

Sabías que sólo era otro de nuestros reencuentros… Porque… ¿Qué es la vida sino una sucesión de reencuentros?

… Y también sabes, como yo sé, que podemos elegir con quién queremos reencontrarnos…

Y es por eso que el milagro sucede.

Y es por eso que elegiste.

Y es por eso que elegí.

Y es por eso que elijo,

Reencontrarme contigo, una y otra vez.

Porque nunca me canso de ti.

Porque nunca me canso de encontrarte.

Porque nunca me canso de reencontrarte.

Porque nunca me canso de descubrirte…

Porque nunca me canso de redescubrirte…

Y es por eso, que una y otra vez…

Llegaré para quedarme…

Sé feliz.

¡Qué difícil acertar!
Complicado de encontrar…

¿Cómo llegar a todo lo que quiero?
¿Cómo llegar a todo lo que debo?
¿Quiero lo que debo?
¿Debo querer lo que quiero?
¿Dónde encuentro el equilibrio?
¿Cómo consigo el equilibrio?
Siempre en la cuerda floja…
Siempre queriendo llegar…
Pero siempre sin llegar…
Sin llegar nunca dónde quiero…
Sin saber nunca dónde quiero…
O dónde debo…
O dónde debo querer…
O dónde voy…
O dónde estoy…

¡Qué difícil acertar!
Complicado de encontrar…

Sé feliz… Si quieres…