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Nada se construye de un día para otro. Levantarte, renacer, sanar, limpiar, todo es un parte de un proceso. No sólo es cuestión de tiempo, sino de lo que haces en ese tiempo. No se sana al cerrar el ciclo, se sana en el camino.

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Nada se construye de un día para otro. Levantarte, renacer, sanar, limpiar, todo es un parte de un proceso. No sólo es cuestión de tiempo, sino de lo que haces en ese tiempo. No se sana al cerrar el ciclo, se sana en el camino.

Elige tus batallas. Antes de hablar, observa a tu interlocutor y pregúntate si lo que vas decir va a sumar y analiza las consecuencias. Recuerda que el tóxico sólo quiere show, y sin público no hay lugar para drama ni quejas improductivas.

A veces siento que me consume el tiempo antes de que llegue, estoy en mi plena juventud, viendo apenas cuando sale el sol y al esconderse, veo como llega la luna y su brillo purifica mi alma.

He sido muy cambiante y miles de veces me quedé en ese estado en que la vida me consume y me siento de 60 años. Es crudo eso.
El hecho es que una noche de esas, apareció alguien con el brillo de la luna, aunque no sé si en realidad fue su sonrisa la que me iluminó.

El hecho es que llegó alguien a mi vida que a veces resulta difícil describir con palabras porque no es cotidiana.
Ella es todo lo contrario a mí, que he vivido en amargura. Trajo ella consigo una maleta llena de perfecciones, su personalidad tan volátil, su sonrisa radiante, su andar por la vida tan tropical, tan multifacética, que pasa de ser la niña que duerme en mis brazos a ser una loca desquiciada y salvaje, pero más allá de todo eso trae ese misterio en sus ojos que hace de mí un total viajero que desea descubrir cada rincón de su ser.

Termina siendo lo que admiro y deseo. Lo que descubro con mis ganas de lucharla y obtenerla aunque ya esté ahí, porque mi lucha es como colocar un principio y un final; su principio es Alaska y su final un laguito cálido de Venecia, y no me importaría recorrer todo eso de ella por lograr que se quede.

Es inexplicable, porque cuando llega alguien tan contrario a ti a tu vida y te muestra el brillo del mundo exterior, le da un dulce a lo amargo, le pone colores tensos y llamativos a tu vida, es cuando te das cuenta que la vida te pasó por el frente y solo la viste pasar sentado en un sillón esperando que algo así te pasará.

Y no la busqué, pero la obtuve, me llegó y me enseñó a volar, estoy aprendiendo a vivir de la mano de alguien que no me suelta y más allá de que yo tenga mi caos y mi manera tan insípida de vivir, ella está ahí, incluso conociendo mi mundo.

Ya he vivido lo suficiente de su mano como para saber que después de haber probado su paz, su serenidad, su amor y su gracia, solo quiero despertar en su regazo y que al terminar el día ella me acompañe en ese sillón donde pasó gran parte de mi vida y ahí terminar de entender que mi vida ahora se concibe es con ella.

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Ten la certeza de que hay algo mejor. Siempre hay otra opción, siempre hay otras puertas. Enfócate en crear, en accionar hacia adelante, lo vas a pasar.

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Ten la certeza de que hay algo mejor. Siempre hay otra opción, siempre hay otras puertas. Enfócate en crear, en accionar hacia adelante, lo vas a pasar.
Maldita distancia;

¡Ella me necesita, carajo!
Me necesita no aquí,
sino allí,
en sus senos,
en su espalda,
en sus manos,
en su cabello,
en sus piernas…
¡ella me quiere tocar!,
no me quiere escribir,
no me quiere llamar,
no quiere verme en línea,
quiere verme de frente,
quiere sentirme,
quiere saber a qué huelo,
qué tan cafés son mis ojos,
qué tan ronca es mi voz,
qué tan alto soy,
qué tan rasposa es mi barba.

A mí no me vengan con esa mierda
de que mientras haya amor,
la distancia no importa,
porque quien lo diga entonces no ha
amado lo suficiente como para llegar
a este nivel tan enfermizo;
le hace falta amar con todas las fuerzas;
porque nadie sabe lo que yo haría por estar amaneciendo en este puto momento con ella;
porque nadie sabe lo que daría por
sentir su mejilla en mis pezones,
porque nadie sabe ese coraje y esa impotencia que se siente no poder tocar su carne,
y que se le queme,
y que se le desgarre.

¡Maldita distancia!,
me las va a pagar,
me voy a salir con la mía,
y cuando esté con ella,
voy a maldecir cada pinche kilómetro,
y mientras le haga el amor,
voy a hacer que cuente uno a uno
cada día que no estuvimos juntos;
que los diga en voz alta,
que los grite en sus orgasmos;
y va a llorar…
juro por mi vida que va a llorar;
voy a sangrarle los labios,
voy a destrozarle el sexo,
voy a lamerle todo el cuerpo,
voy a arrancarle la piel con mis uñas,
voy a olfatearla hasta que se quede sin olor
porque todo lo voy a tener yo en mis narices;

voy a hacer que toda la espera,
haya valido la pena.

—Amor, teníamos una vida juntos.
—¿Qué nos pasó?

Esa vida ahora nos resulta tan fría y lejana. La simple idea de regresar nos estremece los huesos y nos sacude violentamente el corazón que tan lleno de nieve lo tenemos.

Quiero decirte que el sabor dulce del vino fue perfecto aquella noche en donde nuestros cuerpos colapsaron y de esas chispas se creó un incendio universal.

Sé feliz en invierno y en verano. Sé lo que quieras ser, pero sígueme amando, para que cuando menos te des cuenta, esté abrazándote por la espalda y susurrándote al oído: te olvidaste de que el mundo es redondo, tontita.

Y sonriamos juntos.

Mientras tanto, seguiré analizando cada una de las coordenadas que me da la noche para llegar a tu estela. A tu lugar. En ese que hace ni frío ni calor, que abriga y me dice que todo estará bien, aun sabiendo que he pasado toda la vida perdiendo.

—Cariño, ya no quiero seguir siendo un perdedor.
—Bésam…

Y antes de que terminara la palabra, terminé la oración con un beso en el cual le decía: te voy a querer en todas mis vidas, sé que la muerte lleva el color de tus labios.

—Por favor… Despierta. Abre los ojos. —Me pegó unos golpes en el pecho, dicho sea: mi corazón ya había dejado de latir.

Yo ya me encontraba mirándola a una distancia abismal, viendo cómo la tormenta cernía sobre ella, mientras ella estaba acurrucada sobre mi cuerpo sin vida. Aquel paisaje me pareció el más triste que jamás había leído en ningún libro.

—¿Por qué te fuiste?
—Sigo esperándote en tu próxima vida.

Esa tarde, a las cuatro en punto, el viento barrió algo más que su tristeza: mi recuerdo.
Morí por segunda vez.
Para siempre.

Me preguntaron qué había visto en ti. Me limité a sonreír. Un pirata jamás revela el contenido del tesoro. Y yo, siendo el pirata con el tesoro oculto más grande, no iba a dejar que te descubrieran.

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Me preguntaron qué había visto en ti. Me limité a sonreír. Un pirata jamás revela el contenido del tesoro. Y yo, siendo el pirata con el tesoro oculto más grande, no iba a dejar que te descubrieran.
Conoces las zapatillas que llevas puestas, no es la primera vez que te las pones. Ni la segunda. Y por eso al llegar a casa te las quitarás con la ayuda del otro pie, sin ni siquiera preocuparte por si se están ensuciando. Pero si fuera la primera vez que te las pones, te las quitarías delicadamente. Sólo si fuera la primera vez. Ahora no. Ahora llegas a casa después de un día agotador y tiras el bolso y el móvil en la cama, pero si fuera nuevo lo dejarías en la mesa y hasta tendrías miedo de que se rayara.

Y lo mismo pasa con las personas, con tu pareja, con tu familia. Sabemos que están allí, y dejamos de mirarlos como la primera vez. Han pasado a la historia las miradas del primer encuentro, y tener que pensar la frase perfecta antes de decirla. Hemos dejado de conquistar día a día. Porque ya no es nuevo. Porque se consume.
Consumimos objetos, ropa, viajes, espectáculos, experiencias y hasta consumimos personas. Y con las personas el amor. Y el amor no debe consumirse. Porque si fuera la primera vez que llamaras a alguien, no te quedarías callado al otro lado del teléfono, le preguntarías hasta el más mínimo detalle: hasta la ropa que lleva puesta. Si fuera la primera vez que vieras a esa persona, el perfume que llevara se te hubiera quedado grabado para recordarlo cuando os despidierais. Si fuera la primera vez que viajas, te acordarías del número de asiento donde estás sentado. Si fuera la primera vez que duermes junto a alguien, habrías cambiado las sábanas, perfumado la habitación y no os habríais dejado de abrazar en toda la noche.
Y lo mismo pasa con las últimas veces. Lo que pasa es que no sabemos cuándo será la última vez que vayamos a ver a alguien, o que vayamos a usar algo. Y continuamos actuando como si no pasara nada. Pero si fuera la última vez, ¿cuántas cosas cambiarías? Si fuera la última vez que pudieras escribir, dejarías una carta despidiéndote y agradeciendo a quien lo mereciera. Si fuera la última vez que lo fuera a ver, no dormirías. ¿Dónde irías si fuera la última vez que viajaras? ¿Lo has pensado? Pues ese destino que tienes en mente, es el que tienes que hacer. Y no esperes al último día para agradecerle algo a alguien. Los últimos días nunca están señalados en el calendario.
Pero yo te juro, que si fuera la última vez que te viera, te diría lo mismo que pienso en decirte cada día, solo que al final, nunca me atrevo.

La culpa es mía
por creer otra vez
en ti.
Por dejarme guiar
por tus moretones
y heridas.
Por dejarme lamer la herida
con tu saliva
cuando sabía que no era
la única salida.
Que había más por ver.
Soñar.
Esperar.
Añorar.

Que el camino se hacía pequeño
y que tú cada vez te hacías gigante.
Porque no supe guiarme
más allá de lo que mi corazón
empezó a sentir por ti:
que te quería.
Y yo lo negaba rotundamente.
Y un día me di cuenta de que estaba
loco por ti.

La culpa es mía por esperar que no doliera
cuando en mi historial estabas como la principal causa
de mis vistas atrás,
de mis laberintos sin salida,
de mis causas perdidas,
de mis folios en blanco
y de todas mis agonías.

De todas las mentiras,
el que me amabas era mi favorita:
fue como ponerme de diana
y que tú me dieras justo en el blanco.
A veces pienso que la vida es
como un raro viento violento y un diente de león:
en un segundo se va todo lo que sujetabas.

Ni modo, toca ser fuerte.
Pero la culpa es mía;
nunca tuya.
Yo la abracé,
la hice mía
y luego dormí en su cálido regazo,
tuve pesadillas de si algún día te irías
y luego vi el otro lado de la cama vacío,
haciendo invierno
y yo con un frío insoportable.

La culpa es mía por creer
de nuevo
en el amor.
Y seguirá siendo mía,
porque he decidido
siempre hacerlo.

Y es que es ahora cuando estamos empezando a recoger los frutos de una cosecha que nos ha costado tanto esfuerzo

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Y es que es ahora cuando estamos empezando a recoger los frutos de una cosecha que nos ha costado tanto esfuerzo

¿Cómo? ¿Qué tienes miedo? ¿Y quién no?

El mayor miedo que yo tengo es tenerle miedo al miedo. Si no se te encoje el alma cuando vas a tomar una decisión, si el camino a tu meta no te remueve por dentro, si no te perturba el sueño lo que sea que estés haciendo, no es vida. No es nada.

Lo fácil siempre está ahí, el camino sencillo no da miedo, claro que no. El miedo es guay. La caca es guay. Es solamente una señal de que estás sintiendo, estás arriesgando, estás luchando, estás optando por el camino difícil, por el que de verdad trae frutos y te lleva a la meta indicada. Sería tan sencillo, no arriesgar, no cambiar, hacer sólo lo que sabes hacer bien… Pero, ¿sabes qué? eso yo no lo quiero, y no quiero que tú lo quieras tampoco. Ese miedo al fracaso, al esfuerzo, es lo que a final te hará fracasar. Si tienes un sueño, lucha por él. Nadie dijo que fuera fácil, claro que no será fácil. Pero lo fácil aburre, no es para mi, no es para ti. Y no quiero que lo sea.

Sería tan sencillo, sería tan sencillo… Si no buscásemos esa alternativa, si nos quedásemos quietos viendo pasar la vida metidos en nuestra pequeña burbuja llamada zona de confort. Fácil, pero aburrido. Desesperante en mi opinión. ¿Sabes qué es lo único que no sabes hacer? Lo que hasta día de hoy aún no te has propuesto aprender. Tú eres quien pone tus limites, así que hazte un favor y revolealos por ahí, en un sitio donde no los veas, en una esquina de esa zona de confort. Pégale dos patadas, los limites para quien los quiera, yo no los quiero. Y no quiero que tú los quieras. Lucha, siempre, no dejes que el futuro te atormente pensando cómo pudo haber sido, si lo hubieses intentado, si no le hubieras hecho caso al miedo.

A partir de hoy yo te propongo un trato: tómate un café con ese miedo tuyo, conócelo, hazte su amigo. Permite que te acompañe, que te motive, que te dé ese pellizco en la barriga que te impulsa a luchar por tus sueños.

Pero hazlo.

Hazlo, y si tienes miedo, hazlo con miedo.

A veces también los seres humanos desarrollamos raíces, que nos atan a lugares o a personas, y nos volvemos sin darnos cuenta dependientes emocionales, adictos, seres sin control de su propio cuerpo y emociones. Poco a poco perdemos nuestra autenticidad y basamos nuestra felicidad en cimientos pasajeros si: porque lo único eterno que tenemos en nuestra alma propia, todo lo demás es efímero y volátil, frágil y delicado.

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A veces también los seres humanos desarrollamos raíces, que nos atan a lugares o a personas, y nos volvemos sin darnos cuenta dependientes emocionales, adictos, seres sin control de su propio cuerpo y emociones.  Poco a poco perdemos nuestra autenticidad y basamos nuestra felicidad en cimientos pasajeros si: porque lo único eterno que tenemos en nuestra alma propia, todo lo demás es efímero y volátil, frágil y delicado.

En días como hoy , las palabras duelen , duelen pronunciarlas , duelen escribirlas , duelen sentirlas .. En días como hoy el tacto lastima y el silencio ahoga , no hay abrazos cálidos ni consuelo que abrigue esta alma perdida… El peso de la vida, el peso de cambiar el peso de crecer .

Te quiero mucho….F,

Soy tuyo para complacerte, para hacer lo que quieras. Soy tu esclavo, eres mi amado oscuro. A veces lo desconocido se convierte en el narcótico más fuerte, eres un monstruo, mío. Me has convertido en lo que soy, te convertí en lo que ahora eres.

Me siento hipnotizado, todo lo que sale de tu boca es éxtasis para mi cuerpo. No sé si estamos destinados a estar juntos pero ahora no quiero soltar tu piel, no voy a despegar mis labios de tu espalda.

Apareciste de la nada y curaste mi corazón roto y lo sanaste poco a poco entre las sábanas de tu cama. A penas cerré la puerta dejé de ser yo para ser completamente tuyo, mi alma salió de mi cuerpo y se quedó entre tus manos, entre tus dedos.

Yo era joven, ingenuo e inocente; tú tan experimentado, encantador y perverso que no sabe otra cosa más que tocarme y quitarme la vida a cuenta gotas. Yo no sé más que amarte.

No somos perfectos.
Pero somos.

Creo que es invierno pero lo menos que puedo sentir es el frío, desde que nos conocimos nunca más supe lo que era el hielo, me acostumbré al dolor intenso de la carne hirviendo.

Me entregué a mi príncipe de las tinieblas, renací, comenzaste a moldearme cual discípulo a tu gusto, a la forma rústica de tus manos. Sentí la complicidad de los Dioses en los que crees cuando me penetraste el cuerpo, cuando te insertaste en mi ser. Fui liberado.

Estás sediento de sangre, de mi sangre, de mi sangre interior. Estoy listo para pasar al siguiente nivel.

La dominación y el poder se convirtieron en mi credo de cada día, sirviéndote como un cordero inmortal. No soy yo si no me siento controlado por tus misteriosos poderes. A veces me extraño pero luego me tocas y el dolor placentero me recuerda que tengo que olvidarme de mí. Mi cuerpo es tu instrumento de dominación.

Tus ojos, tu boca, tu daga penetrante me dice todo lo que existe entre nosotros, no sé si es amor, no sé si es pasión, no sé si es oscuridad. Pero existe algo y ambos lo sabemos.

Inyectas oscuridad en mi ser con pequeños chorros calientes, el príncipes de las tinieblas me espera cada día frente a las puertas del infierno.

Hoy soy un ángel al que le arrancaron las alas y no lo dejaron volar nunca más, manchaste mi piel de colores que no se pueden describir, de olores que no se pueden expresar, de sensaciones pecadoras que me hacen morir y arder en el infierno de tu pecho.

Estoy durmiendo con el Diablo y estoy completamente enamorado.

No se cuanto tiempo llevamos juntas . Lo suficiente en lo que a mi respecta . Ella vive conmigo en una habitación sin puertas ni ventanas, que tiene pequeños huecos por los cuales a veces puedo ver a las personas pasar, indiferentes, radiantes, felices y vitales . En ocasiones mi compañera invita a sus amigas que son tan chiquitas como para entrar por los diminutos agujeros pero una vez adentro se vuelven gigantes y me asfixian. A veces trato de sacar mis manos por los orificios pero hay ratas y me muerden los dedos , una que otra vez alguien pone su mano junto a la mía y siento como los espacios se van abriendo, entonces ella que es celosa y posesiva me mira enfurecida con ojos de lobo hambriento y vuelvo al mismo lugar. Camino por las calles y pienso si algún día se irá o yo me iré, no es una contradicción yo no he salido de la habitación.

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No se cuanto tiempo llevamos juntas . Lo suficiente en lo que a mi respecta . Ella vive conmigo en una habitación sin puertas ni ventanas, que tiene pequeños huecos por los cuales a veces puedo ver a las personas pasar, indiferentes, radiantes, felices y vitales . En ocasiones mi compañera invita a sus amigas que son tan chiquitas como para entrar por los diminutos agujeros pero una vez adentro se vuelven gigantes y me asfixian. A veces trato de sacar mis manos por los orificios pero hay ratas y me muerden los dedos , una que otra vez alguien pone su mano junto a la mía y siento como los espacios se van abriendo, entonces ella que es celosa y posesiva me mira enfurecida con ojos de lobo hambriento y vuelvo al mismo lugar. Camino por las calles y pienso si algún día se irá o yo me iré, no es una contradicción yo no he salido de la habitación.

El me había hecho amar la vida y temerle a la muerte , tenía ganas de continuar y aferrarme con todas mis fuerzas al camino y sentía un miedo terrible a perder la batalla, pero un día comprendí que a el no le importaba si yo iba o venía , si yo estaba o me quedaba , que el era un alma independiente que no necesitaba mis pequeños brazos y mis grandes ojos cafés para ser feliz . Que el no intentaría detenerme si yo me fuera , porque simplemente el podía seguir sin mi . Fue entonces cuando caí verdaderamente y perdí el miedo tan grande que me provocaba la muerte , quizás porque ya lo estaba .. yo amaba la vida por el , y sin el ya nada me ataba , así que he decidido no luchar en esta batalla y dejarme arrastrar por las corrientes del destino. Fue así como perdí para siempre todo tipo de temor , porque ya nada importa más nunca .

De muñecas que queman las pestañas , que se roban las miradas ,que te destrozan el alma .
De caderas que se mueven al compás de las mentiras , que provocan y asfixian , que matan y reviven .
De labios , que escupen el alma . De rojo vibrante , como el pecado , como el placer y lo mundano .
De animales que se lamen las heridas , que están a la defensiva, porque en esta selva en que vivimos todos somos presas y cazadores .

Son pocas las personas que saben estar: a las que les duele tu dolor y tu alegría los alegra. Valóralas. Dejar ir para encontrar. Dejar espacio para que llegue lo que deseas. Fluir es confiar en el torbellino de la vida. Sé paciente con tu proceso.

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Son pocas las personas que saben estar: a las que les duele tu dolor y tu alegría los alegra. Valóralas. Dejar ir para encontrar. Dejar espacio para que llegue lo que deseas. Fluir es confiar en el torbellino de la vida. Sé paciente con tu proceso.

Me gustan las personas que se van como una suave brisa de verano. Que no hacen tanto ruido, ni causan tanto dolor. Que no dejan heridas, pero sí el deseo de algún día volverlas a encontrar. Aquellas con quien puedes hablar de cosas insignificantes y aun así parecen tener sentido, y los minutos fluyen con una extraña violencia que te sacude las pestañas al mirar atrás y darte cuenta de que se han disipado en el aire y que solamente queda su aroma flotando en lo que parece tu mundo en ruinas. Aquellas que el tiempo nunca olvida, ni barre, ni cura; simplemente hace que, con el paso de los días, meses y años, jamás se borren de tu piel. Más adelante comprendes que no es que sientas frío, es que tu piel recuerda que ya no están para acariciarla por cada rotura, herida y cicatriz.

—Este verano es nuestro.
—No quiero que termines.

Esas personas que van conociendo de ti más de lo que cualquiera otra lo haría, que ni siquiera tú logras conocerte tan bien como lo hacen ellas. El secreto más grande que guardan es que, aunque tú no lo notes, hacen todo esfuerzo para que salgas adelante con tu vida, porque saben lo que pesa y lo que cuesta caminar con una llena de espinas. A mí eso me parece el acto más bonito que alguien puede hacer por ti: el abrirte, más que los ojos, la boca para que sonrías.

—No te vayas, por favor, no me dejes.

Las únicas que saben tus puntos débiles, la posible razón de tus malos días y el acuerdo que le firmaste al amor aquel verano donde, sin darte cuenta, sonreías como una idiota mirando la puesta de sol y las risas eran la canción que acompañaban el momento que llevarías anclado como el primer día del resto de tu vida. Qué bellas son cuando intentaron sacarte a flote con un mal chiste, cuando te abrazaron mientras no sabías qué rincón era para ti para poder llorar y, ahora que no están, que no volverán, te das cuenta de que eran sus hombros.

Aunque estés triste porque nada sucede dos veces. Ni las personas. Ni los amores. Ni los veranos. Ni el invierno que le prosigue. No lloras. No derramas una lágrima. Pero sí vas caminando descalza por la orilla del mar, mientras el sol sangra en la lejanía, con una sonrisa que se convierte en la primera estrella que empieza a brillar en la tarde y te dices a ti misma:
¡Joder! Qué feliz fui.

—No quiero que termines.
—Ya no estoy, tontita. Y aún así piensas que aún vivo.

Y flechas el inmortal atardecer.

Que a veces no suceda lo que deseamos es lo mejor que nos puede pasar. Recibimos lo que necesitamos, que no necesariamente es lo que queremos.

Lo que vives hoy, es solo una pieza del gran rompecabezas que es la vida