Archivos Mensuales: octubre 2016

La puerta abierta.

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La puerta abierta.

Extraños. Eso somos. Un mundo tan grande. Un infinito tan pequeño. Personas que son un mundo. Otras que lo encuentran cuando alguien los toma de la mano. Cuando las besan. Cuando les hacen temblar hasta lo que tenían seguro que no bailaba.

Los vemos pasar a diario, a cada segundo, a cada palpitar. Nos enamoramos de algunos, odiamos en cambio a otros a primera vista.

Nos entristecemos al saber que jamás los volveremos a ver. Nos hacen suspirar.

Extraños, como lo desconocido, pero con la posibilidad de ser conocido. De aferrarse. De soltarlos y dejarlos ir. De darles una oportunidad de abrirles el pecho y quedarse expuesto a la vulnerabilidad.

Un par de miradas bastan para saber a quién vas a echar de menos en el momento que mires a otro lado.

Ves pasar al posible amor de tu vida al lado del amor de su vida. Y lo peor es que ni siquiera has cruzado palabra o tropiezo, canción ni verso. Sólo un par de domingos en los que, sentados en el parque, levantas la mirada y le ves feliz. Sonriente. Otras veces triste.

Desconocidos o descosidos, porque no sabes si están realmente luchando ahora mismo contra la guerra de su vida.

Desconocidos que te traen paz en medio de tanta guerra, que te traen el desierto ante semejante tormenta a la que te enfrentas, que te llenan los ojos de ilusión y la boca de silencios.

Unos te traen; otros te llevan. Se desvanecen en un pestañeo, en un respiro, en una distracción. Qué lazo más fuerte el que se crea entre los dos extremos de un río cuando deciden construir puente.

No le abras la puerta a un desconocido. Perdón, ya la he abierto un millón de veces y no me arrepiento de haberlo hecho, independientemente de los portazos de después.

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No quiero perderte. Y lo digo en serio. No quiero hablar con nadie más por las noches, ni durante el día. No quiero a otra persona que no seas tú para contarle mis problemas y mis alegrías. No quiero que nadie más me diga cosas bonitas ni que me provoque mariposas con tan solo mirarme. No quiero que nadie más me haga tener celos o perder la paciencia. Ni que me abrace fuerte un día cualquiera. No quiero que nadie más me bese. Ni que me agarre la mano bien fuerte cuando estoy llena de miedo. No quiero a nadie más que no seas tú…mi Felix.

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No quiero perderte. Y lo digo en serio. No quiero hablar con nadie más por las noches, ni durante el día. No quiero a otra persona que no seas tú para contarle mis problemas y mis alegrías. No quiero que nadie más me diga cosas bonitas ni que me provoque mariposas con tan solo mirarme. No quiero que nadie más me haga tener celos o perder la paciencia. Ni que me abrace fuerte un día cualquiera. No quiero que nadie más me bese. Ni que me agarre la mano bien fuerte cuando estoy llena de miedo. No quiero a nadie más que no seas tú…mi Felix.

Me tuviste dando vueltas señor destino y terminé viéndome danzar en los mismos ojos que una vez acaricie en mis sueños, brillantes y enfocados en mi como yo en ellos.

Me pusiste a prueba de sus labios ardientes para confirmar con vehemencia que son los que yo buscaba, los que me llenan de suspiros y me arrebatan el corazón sin decir nada.

Me di cuenta en este tiempo que puedo huir mil veces de su cama pero en realidad jamás podré escapar de su mente cuando sin querer me proclama, cuando me lleva en esas noches que me llama.

Me tuviste dando vueltas señor destino para explicarme con tu lógica debida, que sin importar lo que decida la razón es el corazón quien termina trazando las líneas a ser vividas.

He terminado posando mis pies antes sus pies, fusionando mi mirada a la suya y apoyando mis labios en los suyos y así comprendí que en algún momento volvemos a ese único lugar en donde nos sentimos completos.

Ese en donde solo dos personas bastan para tener un universo perfecto…

Después del llanto, después del rímel seco. Nos merecemos alzar la mirada. Romper los espejos que nos hicieron menos fuertes y por lo menos intentar vernos en aquellas copas rotas que nos hicieron sangrar. Imagina qué, te pones el vestido más atrevido para tentar a la vida y no, a los mortales idiotas. Atrévete a correr. Dudo que esta vez, vuelvas a caer. Imagina qué, alguien te detiene sin mediar palabras y las miradas que jamás subieron de tus hombros, hoy son las que luchan por conocerte los ojos. Imagina qué, alguien toma tu cara y te confirma lo guapa que estás, sin necesidad de decirte lo coqueta que te ves con esas pestañas largas, ni lo excitante que se te ven los labios pintados al rosa natural. Imagina qué levantas hasta el polvo cuando caminas descalza con valentía y la rebeldía de golpear las piedras que hicieron tropezarte.

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Es curioso; es curioso como todo el mundo dice querer ser diferente, destacar, pero sin embargo no saben estar solos; no quieren estar solos ni comprenden o desean la soledad, la rehuyen y es comprensible. Que tu única compañía seas tú mismo y sea tu conciencia quien aplaste tu voluntad… ya no dependes de las circunstancias y, por ende, la responsabilidad de tus actos recae únicamente sobre tu cabeza, pendiente de cada uno de tus movimientos para arrebatarte cualquier excusa y negarte el dulce consuelo del autoengaño.

Nadie quiere sentirse solo, es un error: busca compañía, relaciones, amistades, lo que sea. No vayas solo al cine, no pises esa cafetería que te encanta si no es con una amigo invasivo de tu intimidad y espacio vital. Es mejor mal acompañado que solo, que nadie se atreva a negártelo cuando su propia conducta lo delata.

Es curioso ver a la gente por la calle, todos vestidos igual, con las mismas poses ensayadas, la misma música; la misma vida ajena repetida una y otra vez en los escaparates. Colectividades bien diferenciadas para sentirse diferente sin sentirse solo.

Hay días en los que uno está dispuesto a todo. Hoy es uno de esos días. Hoy estaré dispuesta para lo que sea, para lo que quieras, para lo que queramos. Hoy es uno de esos días en los que no vale pensar, ni arrepentirse, ni amilanarse. Hoy es uno de esos días en los que las locuras e idioteces están a la orden del día. Hoy es uno de esos días en los que gano, en los que yo estaré arriba y tú abajo. Hoy es uno de esos días inolvidables. Hoy es uno de esos días.

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Ayer por fin se dio. Comencé yendo al centro comercial, no por casualidad, sino porque allí estaba la chica de mis fantasías , hacía semanas que estaba perdiendo la cabeza por una de las empleadas de la sección de probadores. Tenía que hacer algo para que fuera mía!!!
Me decidí y averigüé sus horarios. Los Sábados de 15 a 16 h estaba sola, con su uniforme: una falda y una blusa con un escote que mataba. Pasé varios días yendo a la tienda, saludándola y mirando ropa, mientras mis ojos se perdían en esa belleza que siempre me devolvía sonrisas.
Hasta que llegó el Sábado, justo 14 de Febrero “No sé si fue el destino”. Sus respuestas habían sido positivas, habría que averiguar hasta dónde podría llegar cuando la encuentre sola.
Entré y la saludé. “De vuelta por aquí” me respondió con una sonrisa. “Si, jajaja pero hoy quizás me lleve algo” dije sin dejar de mirarla. Agarré un jean y fui hasta el probador. Al instante la llamé para que me dijera si me quedaban bien y me ayudara.
Yo ya tenía el pantalón abultado en la entrepierna y pude ver cómo lo miraba y se sonrojaba. Así que, cuando menos se lo espero, la apreté contra mí, al principio dudó, pero no se resistió, por lo que comencé a besarla y a bajar mis manos por su falda, mientras ella se aferraba a mi cuerpo.
Ella era un poco mayor que yo, pero parecía tener un cuerpo privilegiado y pude comprobarlo cuando apreté su dura y firmes nalgas. Era nuestra tarde.
Comencé a bajar su tanga, mientras me decía al oído que iban a echarla si no volvía a su sitio. Así que le cogí la mano y la llevé a mi bulto.
Con ese movimiento, se olvidó por 15 minutos de su trabajo. Me puse de rodillas y comencé a lamer su rico sexo que palpitaba en mi boca mi lengua la hacía estremecer y el probador empezó a ser el contenedor de gemidos que eran cada vez más profundos. Estábamos encendidos.
Me senté en el banco de la cabina, me bajé el bóxer y dejé al aire libre mi miembro tieso como una estaca que ella comenzó a devorar. Lo lamió y chupó mientras manoseaba mis testículos, haciendo que mis ojos se pongan en blanco. Tenía mucha experiencia con su boca…Luego se sentó a horcajadas sobre mí y nos debieron oír hasta donde cobran en las cajas. Ella pegó un grito seco que mostró su fuerte excitación.
Por suerte no había nadie en los demás probadores, aunque de vez en cuando oíamos un “¿Hola? ¿Hay alguien?”. Y no nos importaba.
Ella comenzó a cabalgarme como nunca lo había visto, ni sentido. Era una reina salvaje. Pasó de una empleada ideal a una devoradora. Yo quedé atónito. Había ido en busca de ella y ella terminó dominandome. Mi miembro entraba y salía en un rítmo que sólo ella podía mantener.
Mientras, yo la complacía besando sus grandes pechos que reclamaban a gritos mis mordiscos y no iba a dejar de complacerlos, estaba a punto de acabar, cuando ella se dio cuenta y me pidió que la esperara, quería que acabáramos juntos y aceleró el ritmo..yo me contuve hasta que sentí cómo mi glande y todo mi tronco se inundaban con su orgasmo y dejé salir toda mi leche caliente!!!
Los gemidos se convirtieron en suspiros y la excitación se transformó en relajo. Quedamos pegados y abrazados, pero había que volver. Ella me besó apasionadamente y se levantó. Se puso la tanga y la falda, se abrochó la camisa y se acomodó el pelo como si nada hubiera pasado…Le dije que me había encantado y que quería volver a gozar con ella. “Jaja ok. Mañana a la noche soy toda tuya. Por cierto,¿cómo te llamas?”
“Renne, tu eres Michelle, ¿verdad?”. “Sí. Un gusto. Espera que salga y ven a la caja con el jean. Cómpralo y en la factura dejaré mi número”
Ella salió e hicimos todo como lo ordenó. Luego, volví a mi casa con un nuevo jean y el número de la chica de mis fantasías…

¿Sabes qué? Me gusta reír, adoro sonreír, mostrar mi sonrisa al mundo. Que sepan que soy feliz, porque sí, yo también tengo problemas, como todos, pero intento que no me afecten, o al menos, no por mucho tiempo. Te sientes diferente si vas con una sonrisa en la cara aunque estés fatal, incluso acabas creyendo que no tienes problemas. Y cuando sonríes recuerdas que puedes hacer sonreír a alguien y transmitir tu alegría. Es la mejor medicina para los peores días.

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¿Sabes qué?  Me gusta reír, adoro sonreír, mostrar mi sonrisa al mundo. Que sepan que soy feliz, porque sí, yo también tengo problemas, como todos, pero intento que no me afecten, o al menos, no por mucho tiempo. Te sientes diferente si vas con una sonrisa en la cara aunque estés fatal, incluso acabas creyendo que no tienes problemas. Y cuando sonríes recuerdas que puedes hacer sonreír a alguien y transmitir tu alegría. Es la mejor medicina para los peores días.

Ni la cafeína de todos los matutinos me despierta tanto como tú mirada, como esa sonrisa que le dice al sol, espera, no salgas que yo ya estoy brillando.

Tu piel tan delicada y acogedora, tapizando cada movimiento de tu ser, cada pedazo de vida de tu alma. La sincronía de tus dedos al tocarme, al rozar lentamente cada espacio de mi santuario, despertando a las mariposas habitantes de ese lugar y haciéndolas amar estar en esta piel, en este sentimiento de pertenencia tan lógico, tan mágico.

El paisaje completo que apreció en tu rostro, el sol y la luna en tus bellos ojos, el perfil con la montaña más perfecta situada debajo de los dos brillos, tus labios que me saben a gloria, me saben a vida, me saben a creencia. Tus campos minados de besos, esos con los que invadí tu rostro, tu vida, tu pertenencia.

Yo vivo en una constante discoteca desde que te tengo en mi vida, cuando abres y cierras los ojos, cuando parpadea simultáneamente y me creas un ambiente de luces de locura, un ambiente de música, baile y todo tipo de sensaciones.

Podré parecer posesiva al mirarte tanto, pero dime, ¿Quién no podría perderse en ti?

7 paradas constantes de puntitas para besarte, a veces 8 antes de terminar con mis pies bien fijos en el universo abrazándote a ti, abrazando mi mundo.

Yo te amo, te amo de raíz a cielo, de cielo a universo, de universo a amor, amor nuestro, posiblemente lo más inmenso.

Valdrá la pena.

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Valdrá la pena.

Nos separaban más de cinco países, dos mares y todas esas distancias físicas y tangibles. Al principio reconozco que asusta contar todo lo que separa. Es como si al uno mirar la distancia, ésta crece más y más. Lo ves imposible, inalcanzable. Lo ves y parece que el te quiero no se escuchará, pero pasa todo lo contrario.

De todos lo que nos separaba lo único que me incomodaba era cuando nos crecían los orgullos, o cuando el rencor impedía que nos tocásemos como queríamos. Llega el punto en que te das cuenta que la cercanía es algo más que un contacto físico, que es más que pieles y roces, que mas bien está llena de te amos, de suspiros, de fe.

Yo encontré el amor en el sur, y eso para algunos es motivo de mirada de reojo y de incredulidad. Unos dicen que el amor -con distancia física- no es más que una ilusión pasajera en la que dos personas se conocen e intentan alimentar un sentimiento que pronto acabará.

Pero, qué se cree la gente al afirmar que el amor verdadero llega hasta unos kilómetros, que no puede traspasar fronteras, que no puede viajar continentes, ni cruzar océanos? Qué alguien me diga qué se cree la gente que dice que el amor con piel extranjera y distinto código postal, es una ilusión, o un sentimiento pasajero! Qué se cree la gente para detener lo que se siente? Qué saben de los milagros que puede provocar un te amo, o del temblor que puede pasar cuando dos -a distancia- se reconocen? Quiero creer que los que encasillan al amor, son los mismos que le dicen al mar quédate ahí y cuando voltean ese mismo mar embravecido los desafía.

Es que nosotros podíamos estar muy cerca, tan cerca que conocíamos de qué estábamos hecho el alma. Yo podía explicar cómo el amor hizo de mí otra persona, puedo decir que el amor que siento es igual de válido que el que alborota a aquellos que se miran y sonríen. Yo conocí el amor en otra zona horaria, con otro modo de ver la vida y con una manera de hablar que me hace sonreír. Yo amanezco en el sur, mis musas nacen de sus volcanes y hemos tenido que ser más valientes. Pero, todo ha valido la espera. He apreciado detalles cotidianos, que valorado su presencia, he notado como el amor es así libre, que nos contradice, que nos prueba su majestuosidad cuando pensábamos que no podía ir más allá.

Yo encontré el amor en el sur, en forma de desierto, de playa, de caminar distinto. Conocí el amor con otro sabor, con otro color. Aprendí de la cercanías y de las distancias. Aprendí del destiempo de coincidir y de las esperas. Y me di cuenta que con el amor uno nunca sabe, que es mejor creer en él y listo; que es mejor no llevarle la contraria, ni ponerle límites, porque puede romperte, derrumbarte y sorprenderte de una vez.

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Deseo que tus dulces labios se vuelvan tan amargos como tu ausencia para mi.
Que tus ojos llorosos sólo necesiten ver mis brazos enredados en tu cuello para sentir su paz.
Deseo que me maldigas en las noches que no estoy contigo, tanto que hierva el deseo por tenerme.
Deseo que ni tu ni yo podamos vivir sin el otro aunque parezca perverso.
Deseo que sólo nosotros seamos compatibles, que sólo nuestros códigos entiendas.

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¿Sabes qué?
Me gusta reír, adoro sonreír, mostrar mi sonrisa al mundo. Que sepan que soy feliz, porque sí, yo también tengo problemas, como todos, pero intento que no me afecten, o al menos, no por mucho tiempo. Te sientes diferente si vas con una sonrisa en la cara aunque estés fatal, incluso acabas creyendo que no tienes problemas. Y cuando sonríes recuerdas que puedes hacer sonreír a alguien y transmitir tu alegría. Es la mejor medicina para los peores días.

—La administración

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Para mi Dori….

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Para mi Dori….

Soy una mujer fuerte, que lucha por lo que quiere, que no se rinde, que aunque no está alegre… Siempre lleva con sigo una sonrisa, de esas que dicen que son contagiosas.

Soy una mujer capaz de lograr todo lo que se propone, que no se cansa de intentarlo una y mil veces, una mujer que sabe que la vida no es fácil y que prefiere ser una guerrera, antes que ser una princesa, porque el príncipe azul no existe… Solo hombres imperfectos los cuales, algunos de ellos son muy capaces de luchar la misma cantidad de veces que tú lo hagas por él.

Una mujer que sabe que su felicidad es creada por sí misma y que no depende de un hombre, sino de mí. Porque soy alegre, porque se fabricar mi propia felicidad incluso en los pequeños detalles que me regala la vida.
Soy una mujer que por la mañana le sabe sonreír al espejo aún sin maquillaje, porque se ama aún con esas pequeñas imperfecciones, que se acepta tal cual es y no le importa lo que piense la gente. Mujer que no sabe rendirse aun cuando está lastimada, que siempre encuentra un motivo para salir a flote, aunque no sepa nadar. Que sabe, que en la vida y en el amor no se trata de “yo merezco”, quizá; no merezca nada… Se trata de saber dar y regalar a las personas lo que me gustaría recibir, aunque no reciba nada por darlo todo y lo mucho o poco que puedo dar, todo es proporcional.

Soy una mujer que por más pruebas que le ponga la vida, siempre encontrará la mejor manera de salir de esas, siempre con una fortaleza admirable y una sonrisa grande.
Sé que la vida no es fácil que todo depende que de la actitud con que tomes cada día al despertar, por eso a ti, mujer con virtudes y defectos, te digo hoy como a mí misma me lo he dicho cada día al verme al espejo… Siempre al despertar mírate, ámate y sal a comerte el mundo con esa sonrisa, no importa que tan lastimada estés, pues dicen que si la vida no duele, no sabe; aún no sé qué tan cierto sea… pero lo que sí sé es que esas batallas que has ido dejando atrás le dan un sentido especial y diferente a la vida, y cada vez tienes mucha más fuerza para seguir luchando, sólo mira a tu alrededor, la vida siempre te regala una oportunidad para sonreír y seguir adelante incluso en la sencillez de las cosas.