Archivos Mensuales: abril 2016

Somos lo que permitimos. Decir lo que queremos y lo que no, lo que nos gusta y lo que no, es sinónimo de amor propio. ¿Cómo andas por casa? Qué opinas de tu valoración?

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Somos lo que permitimos. Decir lo que queremos y lo que no, lo que nos gusta y lo que no, es sinónimo de amor propio. ¿Cómo andas por casa? Qué opinas de tu valoración?

Dime quién es su hombro cuando quiere llorar y sólo ve un montón de caras tristes, quién es su noche cuando lo único que busca es dormir para olvidar u olvidarse de sí misma, quién es su estación en la que florecer y ser primavera para algunos ojos, quién es la puerta que anhela cruzar y cerrar, porque quiere encerrarse en un corazón que sepa cantarle en cada latido que todo volverá, quizá no a ser como antes, pero sí que volverán algunos. Tiene miedo de alejarse, de irse para siempre sin que nadie vaya tras su rastro y sentirse como una completa desconocida para un mundo que creía conocer.

Dime quién es su ventana para soñar con algún día y con aquel día, mientras la suave brisa toca su piel y alborota sutilmente su pelo y ella no deja de mirar el atardecer, y alguien al mismo tiempo también sueña lo mismo desde el otro extremo de la soledad y tiene la mirada perdida en el mismo horizonte en el que se parte pensando lo mismo.

Busca querer y que la quieran,
busca armar y que no la rompan,
busca amaneceres, que atardeceres,
busca principios, que finales ya tiene muchos en las ojeras,
busca el baile que jamás bailó,
la sonrisa que jamás sonrió,
la mirada que jamás miró,
el sentimiento que jamás estrenó.

Es océano y desierto,
imprevisible e imprescindible,
impermeable e imposible,
mito y verdad,
mitad cuento, mitad historia.

Quiere que la miren como quien mira una puesta de sol,
que la escuchen como quien escucha el oleaje,
que la acaricien como jamás nadie lo ha hecho con una espina.
Sin miedo,
con valentía
y sin cerrar los ojos.

Que la besen como a Marilyn
y que jamás la dejen como a Ana
con su corazón sonando triste
puesto sobre la mesa de noche,
mientras intenta contener el mismo océano
que la ahoga.

Dime quién es su canción cuando busca asilo, porque está huyendo de un mundo donde sólo ve puñales y armas puestas sobre la sien. Quién es su canción refugio, quién es aquello a lo que se le llama hogar y sólo ve un vacío en donde pone la mirada, quién estará ahí para salvarla de sí misma y de los fantasmas que entran por la ventana.

Quién estará ahí cuando ella lo necesite y necesite que le digan: “vamos, niña, tú puedes”. Quién le ayudará a desatar la soga del cuello y a abrirle el corazón para que salgan volando los pájaros. Porque es una jaula para quien caiga en él.

Llámala como aquella chica que teniendo la absoluta libertad de elegir a cualquiera, elige a todos, menos a ella. Y carga con la condena de que la señalen como la asesina, cuando en realidad es la víctima.

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Hay días en los que no entiendes la vida. Hay vidas en las que no entiendes los días.

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Hay días en los que no entiendes la vida. Hay vidas en las que no entiendes los días.

Llevo en las entrañas tu recuerdo,
cada que repito tu nombre
la oscuridad me susurra que no volverás.
Y me entristezco a medida que la noche avanza
y sigo sin apartar la vista de la ventana
con la suicida esperanza de que toques de nuevo la puerta.
Y que me toques,
y que me hagas sentir extranjero,
y que me digas que vienes para quedarte.
Que desde que no me salvas
has encontrado el naufragio perfecto
para hundirte en mi fotografía.

Pero no,
eres mi idealización perfecta,
¿sabes lo que significa, cierto?
Que cada vez que te pienso
se vuelven a disparar las balas.
Se vuelve a escuchar las noticias
de un asesinato en el mismo hotel
y en la misma habitación.
Se vuelve a repetir la escena del crimen.
Tú quien dispara y yo quien se queda quieto.

Aún guardo en el cajón el arma con la que me disparaste.
Muero desde entonces.
Muero en cada suspiro.
En cada latido.
En cada pensar.

Ya he perdido tus motivos en algún bar,
ya he perdido tu aroma en otras camas,
he perdido el norte porque tú eras mi sur.

Sé que me quieres, o al menos, me quisiste. Qué poco te duró amarme. Y qué eterno será mi olvido. Espero no pesarte en los hombros, porque yo siempre amé verte volar, jamás busqué ser el peso que te impidiera hacerlo.

Ya no me guardo nada para después
si mañana será otro día sin ti.
El sol podrá salir,
pero no volverá a calentar.
Al menos, eso lo tienes claro.
Que tardará bastante tiempo
para que vuelva a darme otra oportunidad.

Quiero que me mires y me digas:
por qué no soy yo lo que buscas con tanta urgencia,
por qué no soy yo al que llamas pasada la medianoche cuando no puedes más con tu vida,
por qué no soy yo a quien, pasado algunos años, recordarás con una sonrisa.

Volvamos a amarnos,
a odiarnos,
a quemarnos,
a consumirnos.
Volvamos a sentirnos.
Dime, por qué no volvemos.
Quememos el maldito asfalto,
dejemos la piel en el otro,
arranquémonos las excusas
y el sinsentido de no querer hacerlo.

Pero no:
aquí estaré yo
y allá estarás tú.

Y me dirás bajito:
valió la pena.
Y no sabré si es interrogativa o afirmación.

Todo lo que he perdido es todo lo que me he ganado

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Todo lo que he perdido es todo lo que me he ganado

Siempre girando en la dirección incorrecta,
frenando en los lugares donde llorarás
y acelerando de quienes te pondrían una rosa
en cada herida abierta.
Te cierras cuando ves alguna razón
y te abres cuando ves venir una lágrima
que terminará por tirarte las noches.

No hay más cielo arriba de ti,
porque te lo has comido todo,
has quitado las estrellas de su lugar
para ponerlas en la pista de baile,
pero, con razón, corazón,
andas pisando tantos cristales.

Abrazas la herida,
pretendes hacerla más tuya que de nadie,
sin darte cuenta,
que las heridas son de quienes las hacen.

La piel es de uno,
las cicatrices de otros.

Tú sabes que la verdad no siempre se dice con palabras:
tú abres los ojos,
dejas que te rompa
y vuelves a cerrarlos.
A esconderte tras maquillaje,
tras esa mascara que jamás ha dejado de sonreír.
Vuelves a esa oscuridad que llevas en las entrañas
y tus costillas resguardan los rayos que le has robado al sol.
Nadie sabe que dentro
llevas un eclipse
que ha durado toda la vida.

Quieres que el mundo se pare
de
una vez
por todas.
Y por todas yo te digo que si siempre gira
es porque tú estás en él.
Tú, cielo.

Tu puedes ser un bálsamo sanador pero hay heridas que necesitan sangrar antes de empezar a cicatrizar. Por eso, que no te pueda la prisa, que no te ciegue la pasión. Deja que tus olas de amor sacien la sed pero cuida que no lleguen a ahogar. Permite que tu abrazo sea capaz de envolver pero procura que no acabe asfixiando. Convierte tus palabras en una pista útil pero no pretendas que encierren la verdad. Concede que tu mirada sea una chispa de luz pero evita que pueda terminar cegando. Porque la buena intención no es suficiente si no respetas el ritmo de quien tienes en frente.

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Tu puedes ser un bálsamo sanador pero hay heridas que necesitan sangrar antes de empezar a cicatrizar.  Por eso, que no te pueda la prisa, que no te ciegue la pasión.  Deja que tus olas de amor sacien la sed pero cuida que no lleguen a ahogar.  Permite que tu abrazo sea capaz de envolver pero procura que no acabe asfixiando.  Convierte tus palabras en una pista útil pero no pretendas que encierren la verdad.  Concede que tu mirada sea una chispa de luz pero evita que pueda terminar cegando.  Porque la buena intención no es suficiente si no respetas el ritmo de quien tienes en frente.

El sótano que compartíamos era aquel donde construimos la vida, donde la vimos reír y donde yo la vi reír a ella tan fuerte que se olvidó que en alguna vida pasada lloró tanto que sus lagrimales terminaron estallando. Y me mira de reojo mientras lee su libro favorito y yo le sonrío desde el otro lado de la soledad. “Ojalá no me deje compartiendo esta clase rara de frío”, me digo a mí mismo. Y entonces la veo venir como aquella utopía que te terminará carcomiendo los huesos… y la vida. Como aquella clase de invierno que parece nunca terminar. Y entonces empieza a llover fuera, por alguna rara razón, siento que dentro jamás ha parado de llover. Como si llevase toda la vida mojado cuando jamás he parado de esperarla. Porque algunas cosas, en este caso, personas, jamás se dejan de esperar incluso cuando ya te has rendido a que lleguen. Si algo ha de dolernos, me repito mientras atardece, son las ganas usadas. Y no aquellas que jamás llegan a sacarse por miedo a que nos rompan o que nos dejen una herida tan grande que sea incapaz de sanar del todo.

A veces la vida te pone frente a dos caminos muy diferentes. Opuestos. Y ahí estaba yo: viéndola partir. En el medio. Tan cerca y a la vez a una distancia abrumadora. Rompiéndome. Pensando en cuál camino caminar. Por un lado, seguirla y echarme de menos. Por el otro, caminar por el solitario y echarla de menos. Y comencé a caminar sin siquiera mirar atrás ni mirar a los lados, ardiendo a cada paso que daba hasta convertirme en un incendio sentimental. Desde entonces, mis manos tienen esa necesidad de enredarse con las de ella.

Tan jodidos estamos que no podemos ni siquiera confiar en nosotros mismos. Decimos “no haré esto”, “no haré este otro”, pero terminamos faltando a nuestra propia palabra. ¿Cómo confiar en los otros?, si son mundos distintos y siniestramente imbéciles a nuestros ojos.

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Tan jodidos estamos que no podemos ni siquiera confiar en nosotros mismos. Decimos “no haré esto”, “no haré este otro”, pero terminamos faltando a nuestra propia palabra. ¿Cómo confiar en los otros?, si son mundos distintos y siniestramente imbéciles a nuestros ojos.

Volver donde hubo dolor es correr hacia atrás. Si ya no está en tu presente, ¿para qué lo quieres ahora? ¿qué motivos tienes?

Me dices una y otra vez…

Que te encontrarás bien
cuando veas que te respeta.
Que te sentirás en paz
cuando podáis tener una conversación civilizada.
Que estarás en calma
cuando se de cuenta y reconozca sus errores.
Que te ayudará mucho
que acepte concederos una nueva oportunidad.

Y cualquiera de ellas,
lo único que hacen es restarte tu poder,
es limitarte tu soberanía.
Porque nada depende de ti
sino de lo que otro decida hacer.

Tu respeto es tuyo y no llega de fuera.
No puedes hablar con quien no quiere.
Su percepción del error es distinta a la tuya.
Quizá no quiera otra oportunidad.

Si tu felicidad, paz, bienestar, calma,
dependen de lo que hagan los demás,
ya has perdido. Tu juego está acabado.

Es como encerrarte en una jaula,
entregar a otros la llave de la misma
y quejarte de que no vienen a rescatarte.

Acepta que no puedes cambiar a otro
y empieza a valorar lo que puedes cambiar en ti.

Sólo desde ahí,
puedes volver a ser protagonista de tu vida.

Perdonate, hoy ves cosas que gracias a esa experiencia antes no lo veías, y hoy tendrías un accionar distinto. En ese momento hiciste lo que pudiste con los recursos que tenías. Perdonate, la compasión empieza por casa.

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Perdonate, hoy ves cosas que gracias a esa experiencia antes no lo veías, y hoy tendrías un accionar distinto. En ese momento hiciste lo que pudiste con los recursos que tenías. Perdonate, la compasión empieza por casa.

Hoy quiero arrancarme las alas, quitarme el pico de cuervo con el que me he sacado mis propios ojos. Gritarle al viento: ¡Basta, ya no quiero que te lleves ninguna palabra más!

Quiero desmoronarme, ser espectador de mi derrumbe. Quiero caer, y a lo que me refiero es que quiero sentir un golpe que me sacuda por completo. Que me despierte, porque siento que me la he pasado dormido la mayor parte de mi vida.

Quiero que te quedes o que huyas. No a medias tintas. Que lo hagas para siempre, porque me cansé de siempre estar esperando.

Quiero meter hasta el fondo el acelerador
sin importar las consecuencias
ni adónde vaya a parar al final del camino.
Porque he comprendido que la meta no es llegar,
es saber disfrutar mientras vas conduciendo.

Quiero sentir lo que es vivir,
que morir por alguien.
Quiero nuevas sensaciones,
vistas,
carreteras,
caras desconocidas,
ciudades perdidas.

Voy a masturbar más seguido las ganas,
a desempolvar de una vez los trenes que guardo tras las ojeras,
a descifrar cada una de las estrellas que me han regalado.

Quiero ser fugaz,
alborotarme el pelo,
follarme los inviernos,
meterle la mano por debajo de la falda al verano.
Quiero ser inmoral.

Quiero que me critiquen,
que me señalen,
que murmuren a mis espaldas.

Quiero suspirar de cansancio
y no de depresión.
¿Sabes lo que quiero?
Quiero que la muerte me pille
siendo extremadamente feliz.

Unos te dan lo que necesitas y otros lo que necesitan. Ojo con los últimos, consideraría ese acto como el más noble.

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Unos te dan lo que necesitas y otros lo que necesitan. Ojo con los últimos, consideraría ese acto como el más noble.

Hoy he despertado con miedo. No sé qué pasa. No sé qué me pasa. O qué hiciste tú para hacerme temblar al miedo de perderte. A ti y a todas tus tonterías.

Sí, tú.
A quién más estaría cogiéndole de la mano, sino a ti,
suicida.

Homicida, que me disparaste justo en el pecho. Y mi corazón desde entonces fue la diana favorita de las balas.

Lo que duele no es que duela, sino lo que duele,
lo que nos hizo sangrar.
Y no hablo de balas.

Y luego pensé: cuánto perdemos al momento de caer en las redes de una mirada perdida. Esa que no tiene horizonte ni norte al que seguir, sino un punto que se hace infinito a medida que se acerca.

Tú no te alejes.

Tengo la cabeza metida en el cosmos, porque chicas como tú son sacadas de otras dimensiones.

Mi chica galaxia.
Tus ojos son estrellas,
tus lunares una constelación.

Hoy, después de una década sumergido en un sueño profundo, desperté y lo primero que vi fue la primavera que llevan entre caderas tus ganas de comerte el mundo.

Chica estrella, es tiempo de que seas fugaz. Aunque ya no estés en ese cielo, te juro que él, por más estrellas que nazcan, jamás se olvidará de ti.