Archivos Mensuales: noviembre 2016

Más que los buenos días, prefiero encontrarme con buenas personas, independientemente del estado de ánimo de las fechas.

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Gloria ama a Lucia
Lucia ama a Lola;
Lola ama a Soledad.
Cuatro chicas amándose utópicamente,
destrozándose los lagrimales por un beso
o por un ¿quieres ser mi novia?

Gloria llora a escondidas en el armario,
Lucia llora a escondidas bajo la canción,
Lola llora a escondidas tras la pared de la cocina,
Soledad sonríe a escondidas entre la oscuridad.
Cuatro chicas, cuatro imposibles,
cuatro canciones, cuatro balas.

Viven en un mundo,
un mundo lleno de espinas,
de abrazos revólver,
de despedidas que crean bucle,
de un concierto a solas en donde eres
y siempre serás,
un beso que rompe
y jamás cura.

Amores que se deben y jamás se pagan,
amores no correspondidos e imposibles que se persiguen,
amores en pleno día y amores en plena tormenta,
amores que te hacen tiritar y amores que te hacen temblar,
amores que te hacen el día y amores que te ayudan a componer los rotos,
amores que te dedican tiempo y amores que arrancan el calendario,
amores que te regalan detalles y amores que te regalan días de colores,
amores que te entregan algo más y amores que se quedan sin nada,
amores que miran la hora y amores que ven arder todos los relojes,
amores que te ven como una casualidad y amores que te miran como el más perfecto de los accidentes,
amores en los que posar el regazo en sus piernas y amores en los que dormir,
amores que el viento te trae y amores que el huracán se lleva.

Gloria ama a Lucia. Gloria se marchó.
Lucia ama a Lola. Lola se marchitó.
Rosas, espinas, sangre, crepúsculos, oasis.

Te quiero.
Posdata: me odio tanto por hacerlo.

Te quiero.
Posdata: me pone triste saberlo.

Te quiero.
Posdata: ¿qué estoy escribiendo?

Te quiero.
Posdata: ojalá me quieras también, aunque ya sea demasiado tarde.

Que de pronto la vida te cambie la jugada, a veces es lo mejor que te puede pasar. Hay cambios necesarios y hay cambios inevitables donde solo nos queda entregarnos al proceso y dejar que el tiempo acomode las piezas.

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Que de pronto la vida te cambie la jugada, a veces es lo mejor que te puede pasar. Hay cambios necesarios y hay cambios inevitables donde solo nos queda entregarnos al proceso y dejar que el tiempo acomode las piezas.
  1. Te cuentan diez veces el mismo chiste y ya no te ríes. Gente que cuenta la misma historia y se queja siempre de lo mismo, la pregunta (para uno mismo) sería: ¿qué se está esperando? y ¿cuándo será suficiente?. Hasta que no se llegue al hartazgo de una situación no se tomará ninguna decisión, y sólo con idear moverse no se logra nada. La máscara de la victimización puede ser fatal y más cuando se alía con la procrastinación (el dulce placer de postergar).

No te engañes. La felicidad no se encuentra en el futuro ni en lo que crees que te falta. Si no la hallas en el presente y entiendes que hoy está todo como tiene que estar, de ninguna manera serás feliz en ese futuro que imaginas. Agradece siempre, enfocate en los pasos del camino y en quién te vas convirtiendo.

 

La música da licencia para poner voz a nuestro silencio, nos empuja a otros tiempos y a otros mundos donde algunas veces nos acaricia y otras veces nos descose el alma .

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Siento que han pasado entre nosotros un millón de años. Que más que ver si estoy haciendo lo correcto o no, veo cada una de las estrellas como posibles tropiezos en mi vida. Me lo dijiste un día, mientras estabas leyendo tu libro favorito, que el mal también termina de venir. Y que si no estaba preparado para enfrentarlo, él sería quien me convertiría en una especie rara de cosas sin sentido.

Perdona, tengo que coger un poco de aliento antes de continuar escribiendo, siento que mi pecho está por estallar al recordar cuando estabas a mi lado, compartiendo tu sonrisa que opacaba al resto y provocaba volverse loco por ella.

Las risas de mis vecinos se escuchan como alguna película de Hollywood, en donde la Navidad ha llegado y con ella llegan también los amigos, las posadas; los familiares que te preguntar si ya tienes novio o novia, o el porqué de tu corte de pelo o el madura, ya no eres joven de tus padres. Pero nadie sabe que la respuesta a esas preguntas te las ha dado el mismo año que ellos nombran el mejor de todos.

Esta fecha es colores, luces, fuegos artificiales, pero cierta gente se viste a oscuras por dentro. Para que nadie la vea, para brillar junto con los que ya se fueron, decirles bajito al oído que ha sido un año duro, pero que no piensas rendirte. Jamás. O mientras te duren las fuerzas… o los motivos para seguir intentándolo.

Ya van dos, o quizás trescientas veces en las que me he equivocado de bando y que la casualidad más bonita fue haber sonreído al mismo tiempo con alguien. Comprobar que algunas cosas te dejan con las alas bien fuertes y resistentes al cambio de clima.

Igual hoy no, esta Navidad toca pasarla a solas. A solas, porque para algunos, celebrarla con los fantasmas de los que un día estuvieron es cosa de locos.

No sé quién da más miedo: si compartir con fantasmas o compartir con gente que está muerta.

Mira lo poco que tienes, porque después lo vas a andar buscando en lo mucho que tendrás. Y posiblemente jamás lo encuentres.

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Mira lo poco que tienes, porque después lo vas a andar buscando en lo mucho que tendrás. Y posiblemente jamás lo encuentres.

Hay veces que la gente quiere que la mandes a la mierda. Y tú te resistes. Piensas que mañana será mejor y respiras. Pero el sol sale y ellos todavía quieren ir al mismo puto lugar. Y encuentran nuevas maneras de pedírtelo, casi rogándote. Y tú sigues sin entender, sin saber porqué. Y te frustras a cuentagotas y con el tiempo dejas de creer. Y ellos aprovechan y te convencen, pero más que convencer, te vencen. Y respiras profundo como buscando tu paciencia pero ya no la encuentras. Porque finalmente a ti también te importa un carajo todo. Y mandarlos a la mierda ya empieza a sonarte como una buena idea. Como una posibilidad inminente. Como un final inevitable. Y esperas. Y sigues esperando. Y un día cualquiera, casi sin que te lo pidan, respiras profundo una vez más y con total seguridad les dices las palabras que ellos tanto han estado esperando. “Vete bien a la mierda”. Sí. Y lo dices con gusto. Como dejando atrás un carga. Una ráfaga de palabras envueltas en balas. Y les miras las caras atónitas, casi sorprendidas. Pero el sorprendido de su sorpresa sorprendentemente eres tú. Y por adentro te sonríes. Como si hubieras llegado. Como si la mierda fuera un destino real. Como si finalmente tú también la pudieras tocar.
No te niegues el placer de mandar a la mierda a quien hace lo posible para que lo hagas 😉

Abriste una grieta entre los dos y por ahí se coló la luz que me ayudó a ver.

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Hay amores que matan y hay amores que sanan.
No te quedes esperando frutos dulces en tierra muerta. La ilusión puede ser adictiva. Es preferible cruzar el camino de la pérdida de una buena vez que atarse a un sufrimiento incierto y sostenido.

Hay amores que matan y hay amores que sanan.
No te quedes esperando frutos dulces en tierra muerta. La ilusión puede ser adictiva. Es preferible cruzar el camino de la pérdida de una buena vez que atarse a un sufrimiento incierto y sostenido.

Todo es cíclico, hay inicios y finales pero no recetas mágicas. Cuando ya nada fluye quizá sea tiempo de decisiones y de cambios de jugadas.

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Todo es cíclico, hay inicios y finales pero no recetas mágicas. Cuando ya nada fluye quizá sea tiempo de decisiones y de cambios de jugadas.
  1. Te mentí para que no sufrieras,
    diciéndote que estaba bien.
  2. Te lo repetí una y otra vez,
    convincente, para esquivar tus dudas,
    para que sonara sincero y creíble.
    Sabía que te alegraba mi felicidad.
  3. Llegó a tal extremo mi confabulación,
    que cuando vi que no había marcha atrás,
    que estaba completamente atrapado,
    sólo me quedó una única opción…
    acabar estando bien, por si acaso.
  4. Mejor eso, que confesarte que te había mentido…………….no tengo fuerzas…………………………………………………………………………………………………………….
    1. Hemos cerrado poco a poco capítulos,
      rebuscando entre los puntos finales
      la mejor manera de concluir esta contienda
      que un día ambos llamamos amor.
    2. Y se me descuelga la tristeza
      pero también me acaricia la esperanza.
    3. Porque prolongar este camino
      es condenarnos los dos a la derrota,
      es renunciar a la felicidad de hoy
      y convocar la desesperanza de mañana.
      Es empeñarse en vivir un pasado
      que no ha sabido encontrar su acomodo
      en el amanecer del espacio presente.
    4. Nuestro mayor regalo mutuo
      será darnos el espacio amable
      para que el adiós pueda ser una caricia.
    5. Nuestro mayor logro recíproco
      será conseguir que nuestros ojos
      celebren lo que compartimos
      y brillen ante la expectativa ilusionante
      de lo que los dos nos merecemos
      en nuestras nuevas travesías.
    6. Lo que fue ya no es.
      Y lo que queremos que sea,
      es tuyo y mío, no nuestro, no, tuyo y mío.
    7. Tal vez, el mayor acto de amor conjunto
      que ahora podamos concedernos ambos
      sea un agradecimiento sincero y noble,
      un deseo real y amable de felicidad.
    8. Y la convicción profunda
      de que, a pesar de este ahora,
      lo nuestro mereció la pena.
    9. Y eso nos lo llevamos para sempre.

Hay que saber a qué trenes subirse, a cuáles sonrisas darles motivos, a qué tormentas entrar y bailar. No todos los trenes vuelven, ni todas las sonrisas merecen, ni todas las tormentas calan. Algunos trenes arrollan, algunas sonrisas matan, algunas tormentas duelen.

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Hay que saber a qué trenes subirse, a cuáles sonrisas darles motivos, a qué tormentas entrar y bailar. No todos los trenes vuelven, ni todas las sonrisas merecen, ni todas las tormentas calan. Algunos trenes arrollan, algunas sonrisas matan, algunas tormentas duelen.

Ver un amanecer a orillas del mar, así era verla a ella al otro lado de la cama. Con su inevitable belleza, su innegable magia y su irremediable locura.

Tenía las medidas del infinito y la mirada de un atardecer. Es que, ella, era un conjunto de todos esos eventos inesperados que te suceden y que basta que te pasen una sola vez para dejarte los folios en blanco.

Joder, la quise.

La quise como se quiere lo que un día terminará haciéndote daño, lo que con el tiempo supuestamente sanará, con lo que tienes que enfrentar tu vida una vez que te ha cerrado los ojos para que lo vidente no duela.

Me hizo cerrarme. Me convirtió en una quimera que, a día de hoy, nadie ha sabido cómo abrir de nuevo. Me fue empujando hacia sus límites hasta que, estando frente al abismo, un suspiró fue lo que me sometió a la oscuridad.

En la caída tuve dos opciones: coserme las alas o conocerla a fondo.

Terminé con los huesos rotos y un sinnúmero de fracturas en las costillas. Encendí una vela y me encaminé hacia sus profundidades; a medida que me acercaba, más oscuro resultaba.

Me encontré entonces con una infinidad de espejos, de diferentes tamaños y colores. En cada uno de ellos se reflejaba ella, pero uno, sin duda, fue el que llamó toda mi atención.
Tenía alrededor de 17 o 18 años. Ella lucía un vestido azul marino con peces que le daban vuelta a toda la cintura. Su mirada lucía caóticamente infernal, perdida en el fin, afinando los destrozos que ocasionó aquella vez que le dijeron “no vales nada”, “qué rara eres”, “eres un cero a la izquierda”. Sus brazos eran una cascada rojo oscuro, su piel estaba grietada. Subió dos escalones y la cuerda acarició su cuello.

—¿Estás ahí?
Suspiró en la negrura espesa de la noche, casi se podía tocar lo intangible: el miedo, la angustia, la desesperación.

—Nunca me he ido. —Susurró una voz.