Archivos Mensuales: junio 2015

Si tuviera que escribirte algo sin inspiración y sin ganas de escribir, te escribiría que me dejes en paz, que uno no escribe para el placer ajeno sino para el placer propio. No me pidas que te escriba cuando no tengo ganas de hacerlo y tú no logras que en mí brote alguna letra. En esos casos no hay mejor respuesta que un “vete a la mierda”, con su respectiva devolución.

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Si tuviera que escribirte algo sin inspiración y sin ganas de escribir, te escribiría que me dejes en paz, que uno no escribe para el placer ajeno sino para el placer propio. No me pidas que te escriba cuando no tengo ganas de hacerlo y tú no logras que en mí brote alguna letra. En esos casos no hay mejor respuesta que un “vete a la mierda”, con su respectiva devolución.

No estaba tan borracho como para saber a ciencia cierta que Alfonsina no era chilena. Violeta Parra era chilena, Vicente Huidrobo era chileno, pero no, Alfonsina no era chilena. Aun así, dudé, tal vez el alcohol estaba tan metido en mí que estaba confundiendo a la poeta con otra, o a Argentina con Chile. Luego, recordé que la negra Sosa había cantado la canción en honor a Alfonsina precisamente en un disco que tiene un título parecido a mujeres argentinas o alguna mierda por el estilo. Mi interlocutor seguía farfullando sandeces sin sentido. El huevón estaba convencido de que Alfonsina era chilena y de que se había muerto igual que Virginia Woolf, poniéndose piedras entre sus ropas para ahogarse en un lago. Yo le decía que deje de escupir mierda por la boca, que Alfonsina no era chilena, sino argentina, y que no había muerto como Virginia Woolf; sí, murió en un mar, el Mar de la Plata, pero no se ahogó, más bien se precipitó desde un peñasco alto y lo que la mató no fue la falta de oxígeno, sino el golpe, no el golpe contra las rocas, sino el golpe que había recibido tres años atrás cuando el puto cáncer le extirpó un seno y con él la vida. O sea, cuando ella se suicidó ya llevaba tres años muerta, pero no quería creerlo todavía, de tal manera que un segundo antes de que su cabeza exploté contra una piedra ella recobró la conciencia y se dijo “sí, estoy muerta”, claro que con mayor rapidez, de hecho no creo que haya podido pronunciar todas las palabras, debe haber sido como una epifanía, algo que uno ya sabe pero no quiere entender. El imbécil me miró sorprendido y me dijo que por qué carajo yo creo saber más que él, si él es mayor que yo, si él ha leído más que yo y él, obviamente, sabe mucho más que yo. No seas pendejo, le respondí, el hecho de que seas mayor que yo no tiene importancia, aunque tal vez trates de justificar tu sapiencia por tu mayo experiencia, pero el hecho de que hayas vivido más que yo no implica que hayas leído más que yo o que yo deba lamerte las bolas. Por último, seguí, si crees saber más que yo, a mí me tiene sin cuidado. No me preocupa si sabes más o menos, lo que me preocupa es que vayas por la vida mintiendo a la gente y aparentando tener un conocimiento que no tienes. Lo peor que puede haber en la vida es la deshonestidad intelectual, si no sabes algo dilo, pero si no lo sabes trágate tus palabras y cágalas, que el inodoro es donde deben estar. Me miró furioso, quiso golpearme, pero no sé si por la borrachera o mi rapidez no lo logró. Pedí la cuenta, pagué todos los tragos que habíamos bebido y me fui pensando que tal vez yo también estoy muerto pero no me da la puta gana de aceptarlo todavía.

¿Intentar?…eso es sinónimo de no hacer nada. ¿Has intentado correr?, NO, has corrido. ¿Has intentado comer?, NO, has comido. Si algo te interesa y lo deseas, no digas que lo vas a intentar, di lo que lo vas a hacer.

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¿Intentar?…eso es sinónimo de no hacer nada. ¿Has intentado correr?, NO, has corrido. ¿Has intentado comer?, NO, has comido. Si algo te interesa y lo deseas, no digas que lo vas a intentar, di lo que lo vas a hacer.

Nunca la vida es color rosa. Los matices pululan en ella. Cuando todo parece estar realmente bien y el sol alumbra en mi rostro sin quemar, mis pies queman, el piso se abre y solo veo fuego reventando las ampollas de mis plantas. No dejo que las llamas me asfixien o me devoren, solo caigo, disfruto del calor asesino, mi piel se tuerce haciéndose de plástico y mis manos siguen indemnes. Tomo un lápiz que parece ser de un metal que no se calienta con las llamas. Mientras muero escribo, porque solo escribiendo siento que vivo.

No te atores en lo que fue, o pudo ser. Da vuelta la página. Hay que aprender a bailar con el ritmo de la vida, a movernos con los ciclos. El pasado es un lugar de referencia, no de residencia.

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No te atores en lo que fue, o pudo ser. Da vuelta la página. Hay que aprender a bailar con el ritmo de la vida, a movernos con los ciclos. El pasado es un lugar de referencia, no de residencia.

Duele más retener a alguien, que dejarlo ir. Y no hay amor más grande que el que sueltas, cuando el viento se los lleva.

Como toda buena despedida tenía que ser domingo. Domingos de mierda. A pesar de ser un adepto de la fugacidad de la vida, las despedidas joden las entrañas. Desde que vi sus ojos antes de juntar nuestros labios, yo ya sabía que todo acabaría con un torrentoso adiós de estos que queman el pecho y los cojones. Lo de siempre, lo que me dicen sin cesar. Necesitas ayuda profesional, un psicólogo, alguien que te haga entender que no eres el centro del mundo y que no puedes esperarque las personas te rindan pleitesía. Tu estilo de vida no es normal y tu amor por las letras es parafílico. Yo te amo y quiero ayudarte, déjame hacerlo. Pero no, yo no necesito ayuda de nadie, mi estilo de vida lo he elegido yo, mi carácter de mierda es una constante con la que deben lidiar quienes planean acercarse a mí. Puedo ser grosero, o mejor dicho visceralmente sincero, eso es lo que encabrona a las personas, que no guarde las formas y que diga las cosas como digo. Así que adiós, continué, si no puedes aguantar mis formas yo no pienso cambiar por vos, ni por nadie. Seguiré siendo presa de la angustia existencial y del perenne dolor de pecho. Adiós, nena, esta es la mejor decisión que pudiste tomar.

Crecimiento es aceptar que existen caminos diferentes y que siempre es mejor seguir uno desconocido, que el conocido continuando sin rumbo.

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Crecimiento es aceptar que existen caminos diferentes y que siempre es mejor seguir uno desconocido, que el conocido continuando sin rumbo.

Vuelta al bar
La soledad es mi estado natural. Regresé al bar de hace un año, donde encontraba siempre a los mismos borrachos intentando cazar alguna fémina incauta, y también féminas que aparentaban ser incautas para cazar algún galán con bríos de macho alfa. La verdad me valía un carajo todo eso, yo no iba por nadie, iba acompañado con una mujer que no veía hace más de un año. Le recordé al oído que mientras salíamos, yo escribía todos los días sobre algo relacionado con su vida. Como debe ser, ella se sintió halagada.
Inventamos un beso a medias, mientras ella me decía que desde que dejó de verme, casualmente, dejó de beber. Todos dicen lo mismo, le respondí. Me tomé las seis cervezas solo, mientras ella, recatada, me comentaba sobre cuánto había avanzado en sus estudios. Me valía un carajo todo, el ambiente, sus estudios, sus sentimiento y los míos. Lo único que quería era estar con ella, como antaño lo habíamos hecho.
No era buen comienzo para lo que había intentado hacer.

Inventario post-mortem
Después de una ruptura, mucho queda de uno en el otro. Mucha mierda y muchas cosas buenas. De ti me queda aquel orden obsesivo que para nada va conmigo, al menos me pude contagiar de él un poco para escribir mejor y no confundir los papeles de mis poemas con las cuentas de la casa. Me quedo con esa ternura que a veces era un hipérbole de toda la dulzura que odio, a ti te quedaba bien y a mí me molestaba un poco. De seguro te llevas mi exagerado amor por las letras, que gracias a esta ruptura se convertirá en un tedio hacia los libros. Con ambos se van todas las canciones que saltaban sin respeto artístico de un género a otro; los conciertos en los que gritábamos desaforados las canciones que nuestros cuerpos sabían de memoria. Con ambos se escapan todas las promesas de mierda que nunca dije y que tu siempre consideraste ciertas. Se van los por siempre, los te amo, los vete a la mierda, los hasta la vista, los gemidos y las lágrimas que nunca faltaron. En mi pieza quedan un par de guantes tuyos, un cuello, un libro, tu olor, las botellas vacías de las cervezas que alguna vez tomamos y un silencio que desgarra los poemas pegados en las paredes. No sé qué pesa más, si esta ausencia que jode las tripas o esta libertad que aviva la fugacidad de la vida. No sé quién puede más, si tu con tus reclamos constantes o yo con esta ansiedad nunca antes sentida.

De todo se sale…

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De todo se sale…

Para superar una ruptura, día uno.
No conozco mejor forma de superar las rupturas. Me agrada disfrutar aquel dolor de pecho y de panza que le hace a uno sentir vivo, pero odio el patetismo que ello podría implicar. Me confieso un romántico empedernido. No hay nada mejor que mantenerse ocupado, con la mente, las manos y en la medida de los posible con el corazón. Para superar una ruptura uno debe emborracharse hasta perder la conciencia de su propia existencia, no hay lugar para medias tintas, o uno se queda sobrio masticando el dolor con los dientes llenos de caries, o uno se emborracha hasta olvidar todo. Luego, uno debe procurarse buena compañía, alguien que logre que uno sonría por la estupidez más nimia. Lo mejor es una sonrisa en medio del caudal de melancolía que amenaza con ahogarlo a uno. Al final, después de la primera semana todo va tomando un rumbo mejor, tal vez uno tan solo siga obviando lo que jode las tripas, pero uno ha evolucionado y no dejará de hacerlo, el dolor ayuda más que las alegría.

De verdad, que puedo hacer para llegar a ti?

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De verdad, que puedo hacer para llegar a ti?

Dejémonos de cursilerías melindrosas y digámonos las cosas como son. Si bien no moriríamos por la falta del otro, mis días serían una eterna patada en los huevos. Claro que con el paso del tiempo el dolor se disiparía, pero no por eso dejaría de ser insoportable, mas se asimilaría al dolor de vida que todos sentimos tarde o temprano, aquel dolor sin sitio, sin nombre y sin fecha de inicio que solo termina con la muerte. Si nacimos solos podemos vivir solos. No entiendo a esas personas que se quejan de su soledad, me da la impresión de que se tienen miedo a sí mismas, miedo de verse al espejo y descubrir que son una mierda. Por eso no te prometo eternidades, ni me muestro de otra manera que esta. No trato de impresionarte con farfulla barata, ni te dedico canciones de esas que todo el mundo dedica. No te digo las cosas que todos dicen, ni te llevo flores o burdos muñecos de felpa. Me muestro tal cual, desde el principio hasta el final, con toda mi mierda y todo lo que pueda no gustarte. No me guardo nada para después. Cuando yo quiero lo hago con todo, con cualidades y defectos, pero más con defectos que con otra cosa. Es fácil gustar cuando uno muestra su lado bueno, lo cagado es hacerlo mostrando el peor lado de uno, aquella cara oculta que pocos conocen. En mi caso no, soy esta madeja de defectos y excentricidades que ves. No pienso cambiar por ti ni por nadie, si me quieres así tómame, de lo contrario déjame en paz y vete.

Esos raros y hermosos momentos en los que la vida me sonríe en lugar de reírse de mí como de costumbre.

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Esos raros y hermosos momentos en los que la vida me sonríe en lugar de reírse de mí como de costumbre.

Esta resaca me mata. No se debe al alcohol o a las drogas, se debe cuestiones internas que a todos nos joden, pero pocos somos conscientes de ello. Es una resaca de vida, como si hubiera despertado de una muerte anterior en la que pasé 80 años ebrio. Me duele el alma que no tengo, me duelen los cojones, me duele la incertidumbre de la inexistencia del futuro, me duele la cabeza y lo único que quisiera es regurgitar la vida y quedar totalmente seco.