Archivos Mensuales: mayo 2015

A veces te quiero y a veces no. El cariño es así, una fluctuación incesante. Vale un carajo lo que digan otros, cuando uno quiere, quiere; y cuando uno no quiere, pues manda todo a la mierda y tira de la cadena sin regresar a ver.

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Duda por completo cuando me escuches decir “siempre”. Las eternidades son pequeñas hormigas que son aplastadas por un pie sin darse cuenta. Yo no puedo darme a lo eterno, cuando me levanto por la mañana quiero con convicción algo, y cuando me acuesto a dormir quiero otra cosa distinta. La única constante es escribir, lo demás, aunque esté en juego mi palabra, puede ser destruido en cualquier momento.

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El problema con algunos NO es su ignorancia. Es que saben muchas cosas que NO son como creen. No se ve más allá de lo que se carga…

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El problema con algunos NO es su ignorancia. Es que saben muchas cosas que NO son como creen. No se ve más allá de lo que se carga…

Es importante recordar que cuando nos resbalamos es porque estamos tratando de movernos hacia adelante. Pero si sentimos CULPA nos mantendrá atascados en el pasado y no podremos hacer ese movimiento hacia adelante. ¡Está bien caer!!! no pasa nada… De hecho, ¡es parte del proceso! Sólo no permitas que otro te mantenga en el suelo, y nunca, nunca te rindas.

La historia.

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La historia.

Sin afán de perpetuar estereotipos, les contaré la historia de un negro. Bien podría haber cambiado la etnia del personaje, pero eso sería falsear la realidad, así que ¡al carajo! Yo regresaba a mi casa medio ebrio, a las dos de la madrugada. No recuerdo el día, pero sí la hora. Tal vez era viernes o sábado, pero eso vale un carajo. Dos manzanas antes de llegar, me encontré con tres sombras escondidas en un portal esquinero, salieron al acecho cargando un cuchillo cada uno y mandándome a la mierda para intentar intimidarme. No es extraño que uno de los efectos del alcohol sea hacerme creer que tengo los huevos más grandes del mundo, así que intenté enfrentarlos con una navaja que llevaba en el llavero. La escena debió ser realmente cómica. Yo parado en la mitad de tres negros que medían aproximadamente tres metros (sí, exagero); ellos cargando un cuchillo de 20 centímetros cada dos manos y yo con una navaja que no superaba los cinco centímetros. En ese momento no me importaba nada, ahora tampoco: cuando uno debe morir, cualquier excusa es buena, así que frente a los indicios de la muerte uno debe luchar como los grandes y aferrarse a la vida, como un nonato al olvido, aunque eso también es cuestionable. El negro más viejo tendría unos 40 años, el más joven unos 30, del otro no tengo puta idea. Querían robarme, pero mi situación económica no me permitía dejar que las cosas avancen como ellos deseaban. Les dí pelea. El negro más viejo se abalanzó sobre mí con todo su fuerza (sobre pelear yo no sé una mierda), así que hice lo que hacen en las películas: me agaché, aunque no sé si eso es lo que hacen en las películas. Mi artimaña no funcionó, o funcionó a medias, el negro no me mató, pero tampoco pude esquivar su peso y caí de espaldas al suelo. Me quedé en el piso esperando el momento fatal, pues aunque quisiera ya no podía aferrarme a la ubre de la vida. El negro más joven se acercó con claras intenciones de hacer de mi pecho una cernidera. Cuando la luna se reflejó en el cuchillo oxidado y la luz rebotó en mis ojos, el cabrón me dijo “¿Tú eres Carlos.?”, yo respondí que sí, que yo era ese que nombraba. Me levantó, me dio dos palmadas en la espalda, me convidó de su trago que parecía gasolina y me acompañaron a casa. No me robaron. Aún vivo.

II
Cuando mis padres decidieron cambiar de vecindario yo tenía once o doce años. El cambio fue realmente fuerte y abrupto, pasé de vivir en un edificio a vivir en un barrio, y las cosas son distintas en cada sitio, los tipos más rudos del edificio se hubieran orinado frente a los tipos más rudos del barrio. La verdad es que desde entonces no he podido volver a habitar un edificio, me siento encerrado y enmimismado, los días se asemejan a los domingos de mierda y la puta tranquilidad nocturna me jode las tripas. Además, cuando uno intenta tomarse unos tragos con algún amigo en un edificio, no falta la vecina que tiene un bebé en sus entrañas o fuera de ellas y necesita silencio, como si uno fuera el padre o como si a uno le importara el sueño ajeno. Volviendo al tema, durante un año pasé metido en la casa, iba a clases y regresaba, a lo sumo salía para comprar pan o café, porque me obligaban mis padres. Harto de tanto encierro causado por el temor humano a lo desconocido, pedí que me compraran un balón de fútbol, una vez que lo tuve en mis manos salí al parque a jugar, solo. Había un sinfín de niños a mi alrededor, ninguno con sus padres, lo que me hizo sentir en ambiente. Yo era tímido, raquítico y llevaba unas ojeras que nadie entendía por qué, aunque yo sabía que era porque no me daba la puta gana de dormir como era debido. Al ser nuevo en el barrio me tocó pasar el típico bautizo, uno de esos infantiles ritos de iniciación en los que a uno lo llenan de polvo o lodo, cosas de niños. Empecé a salir todas las tardes, sin falta. Un día encontré el parque vacío, no estaban mis amigos y yo no sabía dónde carajo podían estar, así que empecé a patear el balón frente al arco, de nuevo solo. Se acercó un niño mucho más alto que yo pero que tenía mi edad, según supe luego. Era negro. Yo no supe cómo actuar, nunca antes había conocido un negro. No era racista, ni lo soy, pero uno no sabe cómo actuar frente a alguien diferente, aunque en ese caso no había diferencia, solo una sombra de ella. Empezamos a patear el balón y a conversar. Casi nos morimos de tanto reír aquella tarde. No fue la única vez que jugamos, pero nunca olvido que al momento de despedirnos él me dijo “me llamo Gabriel” y yo respondí “me llamo Carlos”.

Un pedido…

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Ella besaba con los ojos abiertos, como si temiera que al cerrarlos alguien pudiera robarle el alma, o lo que es peor enamorarla. Gocé de su saliva un sinfín de veces, y la única vez que vi sus ojos cerrados mientras nos besábamos fue cuando a ambos nos sorprendió un estornudo suyo y casi nos desbaratamos de la risa. Yo tampoco cerraba los ojos, y aún no logro hacerlo, y es que mientras muchos creen que se besa solo con los labios, yo no, a mí me gusta ver la expresión de hastío o de placer en la otra persona, más que le beso disfruto descubrir la reacción de la otra persona al hundir mi lengua en su boca.

Por la pesadez….

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Amarme requiere mucho tiempo. No es nada fácil estar conmigo. Soy un tipo bastante esquivo y posesivo. No hablo con cualquiera, ni me muestro tal cual frente a todos. Soy un poco egocéntrico, lo que explica la atención que requiero por parte de una persona. Si quieres tenerme muy cerca de ti, debes procurar estar tan cerca que tu respiración parezca un eco de la mía. A veces tal vez reniegue, pero tan solo serán chiquilladas sin sentido que al rato se me pasan. Si estás de forma intermitente, cada vez me alejaré más de ti, me verás extraño, no te hablaré de libros ni de cosas que haya escrito últimamente, me mostraré huraño y un día de repente mandaré todo al carajo. Nadie es indispensable en mi vida, y el lugar que pudieras tú ocupar siempre será apetecido por otra persona. La terrenalidad me emputa, aunque parezca ser un tipo normal.

Conclusión.

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Conclusión.

Debo de estar dispuesta a aceptar cualquier traspié que venga, el dolor, la angustia, la nausea y la incertidumbre, sirven como buenos combustibles para escribir. Después de todo, lo único que importa en la vida es deshacerse en letras, como si estas fueran aire y uno necesitara crearlas y plasmarlas para vivir. Lo demás vale un carajo; es que no vale. El trabajo, la familia, la fama, el dinero, todo viene y va, pero al acabar el día una siempre se encuentra de golpe frente a la hoja en blanco diciendo “¿por qué mierda no has escrito nada el día de hoy?”. No hay otro camino, solo hay que escribir.

La madre de Jesús.

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La madre de Jesús.

@exalope

Anorexia del corazón
No comprendo, trato de sanarte y me dueles cada dia un poco mas.
Trato de mantener un poco mis iluciones absurdas llenas y profanas de ti, pero tropiezo en mis pensamientos y termino desechandolas de este ya casi inexistente cuerpo.
Sonrio opaca mientra desaparezco por algunos instantes.
Te miro desesperada tratando de descifrar tu mirada con la mía, la ayuda que pido desesperada solo es un ‘te quiero’ en la mirada.

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