Archivos Mensuales: septiembre 2015

Cuando hay real interés se nota, y cuando no, se nota más. Si se quiere, se encuentran el tiempo, las manos y los pies. Rogar nunca es una opción. Si no eres bienvenido, toma otro camino.

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Cuando hay real interés se nota, y cuando no, se nota más. Si se quiere, se encuentran el tiempo, las manos y los pies. Rogar nunca es una opción. Si no eres bienvenido, toma otro camino.

No hay titiritero sin títere;  al manipulador se le termina el juego cuando el que se deja manipular toma consciencia y corta el hilo.

Viva la libertad.

Dar para recibir, y abrirse luego a recibir. Porque lo sembrado siempre regresa. Y mucho de lo mejor de la vida llega cuando soltamos las expectativas.

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Caer es facil, salir es lo mas complicado.

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Caer es facil, salir es lo mas complicado.

Algunos días te quiero tanto, que sería capaz de dar mi vida por ti. Otros días, en cambio, te detesto tanto, que desaparecería de tu vida sin decir nada y me mudaría a un lugar en el que nadie sepa de mí, pero de ti.

También espero librarme de la amistad de los poetas. Esos cabrones con aires de grandeza. Esos hijos de puta de puta que si no les lames el culo, no son tus amigos. No fui hecho para lamber a nadie. Detesto a los esteticistas extremos, para quienes el arte solo puede ser expresado a través de lo bello. Qué se jodan con su doctrina de la delicadeza y las formas bien cuidadas, qué no me jodan con la cuestión del canon y de ser cuidadoso con los ojos del lector. Yo escribo como se me viene en gana, no importa cómo me lean, ni lo que piensen al hacerlo.

Cuando se dice NO; es NO. Y punto.

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Cuando se dice NO; es NO. Y punto.

Yo solo quiero QUE ME DEJES EN PAZ.

Yo sólo quería lucir bien para ti,
amarte como jamás he odiado a nadie,
cantarte al oído hasta que te quedaras dormida,
acostar mi cabeza en tu regazo
y reírnos, un domingo cualquiera,
de todas las estupideces de toda la semana.

Yo no buscaba envejecer al lado,
quería que nos pusiésemos viejos
de tanta historia para contarle al resto,
jamás supe tener una,
ni siquiera conmigo.
O quizás nunca supe contarla
sin que me doliesen de nuevo
las heridas.

Necesitaba de tus manos
para salvarme del mundo,
para que la vida no huyese de mí
al ver cuánto me duelen algunas canciones,
para que el tiempo no fuese tan deprisa
huyendo como cobarde.

No quería tiempo perdido,
ni ganas sin usar,
quería tiempo en el que perder
la noción del mismo,
quería que nos acurrucáramos
a ver los abismos,
—los propios—,
y planificar construir algo bonito ahí.
Porque no hay nada más significante
que el hecho de querer arreglar lo que otro
dejó mal.

Yo buscaba dentro de ti
eso que tantísimo tú detestas de ti misma
y enseñarlo con orgullo al mundo.
Como las cicatrices.
Como tu historia y sus tachones.
Como tu sonrisa y tu invierno.

No buscaba
ni quería lo que el mundo,
buscaba lo que un chico como yo,
raro y triste,
quiere encontrar.
Quiero decir:
mapas donde el tesoro
es encontrar esa sonrisa
que ya olvidó en quién la dejó.

Volver es como indicarle a tus fantasmas, el camino a tomar para frecuentar tus recuerdos.

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Volver es como indicarle a tus fantasmas, el camino a tomar para frecuentar tus recuerdos.

Desprendernos de los vacíos es más difícil si en ellos siempre hemos depositado nuestras letras.

Le escribo a quien llora todas las noches para irse a dormir, a aquel que tiene pesadillas con su horrible pasado. Le escribo a la inseguridad personificada… sí, a esa chica que esconde sus mejillas rosadas tras los mechones de su largo y ondulado pelo. Le escribo a quien cree que no existe el consuelo, que el dolor es un estado emocional interminable, irreversible, sin ningún tipo de cura. Le escribo a quien guarda sus emociones, sus letras, sus expresiones… a quien tiene miedo de que oigan su voz. Le escribo a quien le teme a la oscuridad, a quien le aterroriza el mundo social, a quien todavía tiene pánico a los insectos. Le escribo a quien no puede olvidar a su amor, y siente que le han desgarrado el corazón. Le escribo a quien se abraza a la soledad. Le escribo a quien sólo es feliz en un mundo de fantasías llamado “libros”. Le escribo a quien no cree en sí mismo, a quien no se considera muy importante. Le escribo a quien nunca se encuentra conforme consigo mismo, a quien repudia sus “enormes” y “horribles” defectos. Le escribo a quien se siente raro. Le escribo a quien se encuentra en una punta del salón, mientras el resto del aula sólo se dedica a desprender carcajadas burlonas. Le escribo a quien se compara con alguien más, a quien vive pensando que probablemente no tenga punto esforzarse… porque siempre hay alguien allá afuera que es mejor. Le escribo a quien olvida todas sus cualidades, cada vez que alguien le recuerda cuán “inferior” es. Le escribo a quien no sigue sus sueños por temor. Le escribo a quien lamenta tantas cosas que ha hecho. Le escribo a aquel que burla y humilla a los demás, sólo y sencillamente para cubrir sus propias inseguridades.

No hay cosa más bonita que mis lectores. Ni personas más impulsadoras. Mis letras, los llevan de remitente.

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No hay cosa más bonita que mis lectores. Ni personas más impulsadoras. Mis letras, los llevan de remitente.

Todos nos quejamos de las espinas y son las que protegen de cualquier daño a la flor, de cualquier daño que ellas no provocan. Y somos tan ingenuos, que quitamos el único escudo que ellas tienen, incluso desde la raíz.

A veces que la vida te presenta lo inesperado, es cuando realmente debes saber abrazar aquello, lo bueno, lo bochornos, los reflejos en el vidrio roto, la vasija destruida en gritos.

La belleza termina, el recuerdo de ella, quizá. Solamente que los pedacitos, los recuerdos, el hermoso remolino de aquello, se queda.

La espera termina, llega todo para secarse.
Y su buscas, encontraras algo… El olor. Ahí permanecerá, reflejándose en imágenes de lo que fue, y no volverá a ser. Así son las rosas.

Un hermoso remolino, con olores, frágil… que pronto secara.

Lo bonito de tener el corazón de piedra es que no te lo rompen, sino que tú eres el que lastima. Lo feo de todo eso es que no tienes el corazón de piedra, pero no importa, nadie sabe que estás herido.

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Lo bonito de tener el corazón de piedra es que no te lo rompen, sino que tú eres el que lastima. Lo feo de todo eso es que no tienes el corazón de piedra, pero no importa, nadie sabe que estás herido.

Tal vez necesitamos más de todo, o de nosotros mismos. Quizás la clave para salir del desastre está en aceptarlo desde el principio, y abrazarlo, aceptar que es nuestro y que siempre lo ha sido, y que, por muy fuerte que suene, también nos ha acompañado después de todo el camino. Hemos tenido vistas, porque las hemos tenido, así no nos gustasen; hemos tenido risas sin saber que estamos riendo, porque muchas veces nos la pasamos buscando el golpe en la piedra, y eso, muchos, aún no lo saben. A lo mejor es que hemos pasado toda nuestra vida hablando bajito, para pasar desapercibidos, para que nadie nos escuchase cuán desesperados estamos, o tan ansiosos nos vemos desde nuestros ojos. Para ser invisibles, como el sueño de un niño o de un criminal. O quizás lo hemos hecho, para negar cuando alguien nos pregunta si nos han hecho daño.

Un abrazo también representa un atentado terrorista, porque he sentido cómo cada vértebra, cada hueso, cada palmada en mi espalda, me ha hecho temblar y desaparecer en una milésima de segundo. Y desmoronarme pensando en el futuro, en el de dos almas soñadoras y emprendedoras que buscan cosas diferentes, que miran hacia horizontes diferentes, pero que bailan su canción favorita como un fanático loco por su ídolo.

A veces me pregunto, ¿cómo fuimos tan tontos al dejar irnos en otros? Y he llegado a la conclusión de que, quizás, lo hemos hecho, porque simple y sencillamente, no nos quedó de otra que acompañar a otro en su soledad, aunque eso implicase quedarnos aún más solos.

Y lo resumo todo en unas cuantas palabras:

No se trata de encajar, sino de encontrar una postura cómoda en la vida. Tal y como lo hacemos cuando miramos televisión desde el sofá, o cuando intentamos dormir.

Tienes el poder de expresar en palabras, lo que otros lo hacen en lágrimas.

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Tienes el poder de expresar en palabras, lo que otros lo hacen en lágrimas.

Yo conocí una pintora. Ella soñaba con acuarelas y óleos, le disgustaba que le jodan la vida con la cantaleta de que el arte no da para vivir. Ella pintaba con una persistencia envidiable, todos los días de 20:00 a 2:00 se encerraba en su taller y dejaba que sus manos hagan el resto. También lo hizo sobre mi cuerpo. Yo conocí una pintora que soñaba con mandar a todos al carajo y dedicarse a pintar en las calles, aunque el hambre joda y la familia se cuelgue un rostro de decepción perenne. Sí, yo la conocí. Después de años me la encontré de nuevo; ya no pintaba, ahora estudiaba una carrera “de provecho”, decía que es verdad eso de que el arte no da para comer. Su atuendo era distinto, incluso sus labios tenían un sabor más sofisticado y netamente terrenal. Sus manos ya no tenían los restos del trabajo plástico diario, ahora llevaba sobre sus uñas esmaltes finos y cero manchas. Me dijo que yo no he cambiado en nada, que aún soy el mismo huevón soñador de hace años. Respondí que ella ha cambiado en todo, que tiene una cara de felicidad, felicidad comprada con oro. Entendió el mensaje y no lloró aunque debió hacerlo.