Eres de esas chicas a las que no se les regala rosas, sino un jardín lleno de vida y sol.

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Eres de esas chicas a las que no se les regala rosas, sino un jardín lleno de vida y sol.

Tengo alma de prostituta. Lo dije una vez y ahora vuelvo a repetirlo. No tengo que darle explicaciones a nadie. Soy mi propio desastre. Vivo mi vida a mi manera. Sin límites. Sin frenos.

Voy a los bares a los que yo quiero y transito con las personas que quiero. Bebo cuando quiero sin darle cuentas a ningún despistado que cree amarme, cuando lo que siente por mí es solamente algo pasajero.

No busco caer en precipicios. Ni en bocas. Ni en veranos. Ni busco enamorarme en un beso, porque he aprendido a rimar beso con olvido, y recuerdo con ¿de qué hablábamos? Ni quiero quedarme en un amor, porque estoy harto de errores. No quiero que nadie me duela cuando cierre los ojos… cuando la noche caiga. Cuando nadie esté ahí para darme consuelo. Ni aliento. Ni palmadas en mi espalda.

De un tiempo para acá decidí que debía ser fuerte y ser frío a plenitud, porque que te duela algo es una putada; pero que te duela alguien al que quisieras regresar siempre y saber que estás mejor sin él, es una mierda.

Tengo un vocabulario fuera de lugar, una consciencia sucia y un futuro exquisito. Mi lengua no se la ha comido ningún gato, mi mente no la leído ningún cuerdo y mi tiempo no se lo he dedicado… bueno… muchas veces se lo he dedicado a hijos de puta que no supieron valorar el reloj que no tenía en mi muñeca. Porque no les dedicaba tiempo, sino vida. Una parte tan irreversible del tiempo. El ayer son horas muertas. Por eso no veo atrás.
Me cansé de llorar.

Ahora soy un hijo de puta sin escrúpulos y orgulloso de mi madre que lleva como bandera ¿quién cojones te crees tú para señalarme? Primero, límpiate el dedo, cariño, que lo tienes lleno de sangre.

Mi reputación da mucho de qué hablar, mis cicatrices mucho de qué besar y mi saliva mucho de qué sanar. Soy todo lo que temes ser y soy la pesadilla de la que te escondes. Soy un monstruo bajo las sábanas y el santo que ves caminar por las calles.

Dicen que soy de la mala vida, pero acompáñame y te enseñaré cómo se come el mundo en tres pasos.

Uno: Sé feliz.
Dos: Siéntete feliz.
Tres: Calla.

Las víboras se comen entre sí, mientras tú estás bailando entre el medio de sus cascabeles.

Hola. Mi nombre es Libertad. Vuelo, mientras los otros se conforman con alzar su mirada y señalarme adonde vaya. Pero yo alzo el vuelo cada vez más alto.

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