Archivos diarios: agosto 12, 2017

Es tan lindo cuando no pides, no ruegas, no insistes, no reclamas y recibes más de lo que esperabas…Eso es amor del bueno.

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Es tan lindo cuando no pides, no ruegas, no insistes, no reclamas y recibes más de lo que esperabas…Eso es amor del bueno.

No le des tu corazón a quien solo busca piel. El psicópata vive un eterno presente. Sólo busca su beneficio inmediato. Las consecuencias no le importan. Nuestra sociedad postmoderna coopera a poner el poder en el sí mismo y pierde su vínculo con otros. Si no valoran lo que das, no te quedes esperando. En un rincón de la vida se esconden sorpresas gratas, solo sal al encuentro y huye del desamor.

Estoy corriendo y no sé a qué brazos pretendo alcanzar. No tengo claro cuál es mi objetivo. El gol de mi vida. A veces quiero tener una llave para ese momento donde quiero encerrarme en un abrazo y no salir nunca de ese mundo que crean tus brazos haciendo hueco y eco de mis angustias. Y luego estás tú que quieres encerrarte en un corazón tan de piedra como el mío. No sé si te lo han contado, pero las piedras duelen muchísimo más que cualquier tormenta. Supongamos que mañana no estás y me toca que echarte de menos, buscarte por debajo de las pestañas más bonitas que no he encontrado jamás a partir de ti, sentir esa necesidad de llenar ese vacío que dejan las personas que calan fuerte y profundo. Bonito e irrepetible. Dicen que las personas te calan solamente una vez en la vida: de ellas depende dejar una huella o una herida.

Y, ojo, que algunos no recuerdan, en lugar de ello, escriben toda una vida.

Fuera está siendo un verano indestructible, mientras por dentro me hago hielo. Las manos frías son el efecto secundario de cuando han dejado de tocarlas. Y en las tuyas encontré un infinito tropiezo de torpeza y melancolía. Siempre que me tocabas, sentía una tristeza tan grande que con ella pude crear, de haberlo intentado, un cielo repleto de hermosos desastres.

Quiero que me hagas feliz,
no que me hagas caso.

Y nos volvimos irreparables, con nuestras locuras colapsando en cada beso, con la nostalgia que irradiaban nuestras pupilas y la devastación que nos devoraba las costillas. Tienes derecho de ser feliz sin mí, como yo sin ti. Pero cómo te digo que intentarlo me resulta imposible. Como imposible le puede resultar al masoquista tropezar repetidamente con la única piedra de las miles que se le atraviesan en el camino.

Está bien… no me ames, no me recuerdes, no me hagas caso. Lo único que te pido es que no me dejes ir cuando lo intente.