Archivos diarios: agosto 6, 2017

Lo fugaz y lo fugitivo, lo que no pudo ser, lo que nunca existió pero se añora, pareciera ser el refugio de aquellos corazones enamorados del amor, de los filofóbicos o de los cómplices del desencuentro. Viéndolo así pareciera que sólo esa inquietud de la conquista, o la ilusión de aquello que no fue, no es y no será, tienen el poder de quedarse eternamente. Para el histriónico el amor es maravilloso y allá va cual Robin Hood. Para el obsesivo el amor es un ajedrez, medirá su intensidad y sus jugadas. Para el ansioso el amor es incertidumbre que angustia, ¿cómo será el futuro?. Y el depresivo aún se sigue preguntando si realmente existe el amor. Lo único cierto es que el buen amor sana. Que hay abrazos que contienen mundos, que hay almas mágicas y capítulos que aún no se han contado. Todo lo que vale la pena en la vida, siempre romperá el equilibrio. Y el equilibrio no es otra cosa que aprender a navegar en un péndulo. Deja que se desgaste el tiempo, más no permitas que un punto en el lugar equivocado se lleven tus ganas y deseos. Luego de un punto, siempre viene un espacio y empieza una nueva historia. ¿Será la tuya?…

Estándar
Lo fugaz y lo fugitivo, lo que no pudo ser, lo que nunca existió pero se añora, pareciera ser el refugio de aquellos corazones enamorados del amor, de los filofóbicos o de los cómplices del desencuentro. Viéndolo así pareciera que sólo esa inquietud de la conquista, o la ilusión de aquello que no fue, no es y no será, tienen el poder de quedarse eternamente. Para el histriónico el amor es maravilloso y allá va cual Robin Hood. Para el obsesivo el amor es un ajedrez, medirá su intensidad y sus jugadas. Para el ansioso el amor es incertidumbre que angustia, ¿cómo será el futuro?. Y el depresivo aún se sigue preguntando si realmente existe el amor. Lo único cierto es que el buen amor sana. Que hay abrazos que contienen mundos, que hay almas mágicas y capítulos que aún no se han contado. Todo lo que vale la pena en la vida, siempre romperá el equilibrio. Y el equilibrio no es otra cosa que aprender a navegar en un péndulo. Deja que se desgaste el tiempo, más no permitas que un punto en el lugar equivocado se lleven tus ganas y deseos.  Luego de un punto, siempre viene un espacio y empieza una nueva historia. ¿Será la tuya?…

Estoy corriendo y no sé a qué brazos pretendo alcanzar. No tengo claro cuál es mi objetivo. El gol de mi vida. A veces quiero tener una llave para ese momento donde quiero encerrarme en un abrazo y no salir nunca de ese mundo que crean tus brazos haciendo hueco y eco de mis angustias. Y luego estás tú que quieres encerrarte en un corazón tan de piedra como el mío. No sé si te lo han contado, pero las piedras duelen muchísimo más que cualquier tormenta. Supongamos que mañana no estás y me toca que echarte de menos, buscarte por debajo de las pestañas más bonitas que no he encontrado jamás a partir de ti, sentir esa necesidad de llenar ese vacío que dejan las personas que calan fuerte y profundo. Bonito e irrepetible. Dicen que las personas te calan solamente una vez en la vida: de ellas depende dejar una huella o una herida.

Y, ojo, que algunos no recuerdan, en lugar de ello, escriben toda una vida.

Fuera está siendo un verano indestructible, mientras por dentro me hago hielo. Las manos frías son el efecto secundario de cuando han dejado de tocarlas. Y en las tuyas encontré un infinito tropiezo de torpeza y melancolía. Siempre que me tocabas, sentía una tristeza tan grande que con ella pude crear, de haberlo intentado, un cielo repleto de hermosos desastres.

Quiero que me hagas feliz,
no que me hagas caso.

Y nos volvimos irreparables, con nuestras locuras colapsando en cada beso, con la nostalgia que irradiaban nuestras pupilas y la devastación que nos devoraba las costillas. Tienes derecho de ser feliz sin mí, como yo sin ti. Pero cómo te digo que intentarlo me resulta imposible. Como imposible le puede resultar al masoquista tropezar repetidamente con la única piedra de las miles que se le atraviesan en el camino.

Está bien… no me ames, no me recuerdes, no me hagas caso. Lo único que te pido es que no me dejes ir cuando lo intente.