Siempre nos quedará un abrazo al cual ir, descansar, dormir y morir un poquito.

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Siempre nos quedará un abrazo al cual ir, descansar, dormir y morir un poquito.

Me duelen los sentimientos de tanto pensarte,
imagínate cómo me duele el corazón de tanto sentirte.
Me convertí en esa piedra que se interpuso en tu camino
para que abrieras los ojos y miraras más que dureza,
un montón de cosas raras e inexplicables que te gustaran
y que amaras tenerlas a tu lado.

Dicen que después de un tren viene otro,
lo mismo con las personas:
una tras otra tras otra tras otra
y no sabes con qué fuerza te arrollara la siguiente.
Pero el mundo necesita más gente valiente,
que no se ponga tantas corazas,
que se dé cuenta de cuán guapa es sin miedos
y que las inseguridades vayan directo al basurero.

Que ría a mitad de un orgasmo
y que se deshaga del peso que lleva en los hombros.
Que ame hasta estremecer cada partícula del universo,
que corra desnuda por el mar a media noche,
que se desvista por dentro y que brille,
que sea el sol de las noches,
las manos calientes del invierno.

No podemos elegir el atardecer en el que vamos a darnos por vencidos,
pero tú sigue, adelante, con la vista bien puesta sobre las estrellas,
no vale la pena tirar por el borde lo que tantas tormentas te ha costado enfrentar.
Mi pequeño guerrero, mi eterno compañero de batalla:
Quiero decirte que, esta tormenta, esta turbulencia y este naufragio, lo enfrentaremos juntos.

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