Solemos irnos mirando atrás. Y eso es quedarse para siempre en la mirada de quien se queda quieto, en silencio, viendo cómo nos alejamos.

Estándar
Solemos irnos mirando atrás. Y eso es quedarse para siempre en la mirada de quien se queda quieto, en silencio, viendo cómo nos alejamos.

Te quise, y hablo en pasado.
Tus besos eran balas
y yo un suicida en busca de lo tóxico.
De lo dañino.

A las cadenas que me ataban a ti
les cosí alas para que se llevaran todo el peso
que dejaste,
aunque este maldito hueco no pueda llenarlo
ni sustituirlo.
Hay vacíos que jamás se llenan,
así como también hay amores destructivos que los recuerdas y, de pronto, tu mundo se vuelve a hacer añicos por el aire.

Ojalá fuera tuyo mi recuerdo
y mío tu olvido.
Que me recordaras hasta querer quemarme
y que te olvidara hasta que te doliera mi ausencia.
Que recordaras las veces en las que te seguí queriendo
cuando en mis manos llevo las balas que detuve cuando fuiste revólver.

Me arrastraste a ti,
teniendo sonrisa de huracán,
dejé que las cosas siguieran su curso:
en este caso, predecible.
El huracán siempre,
siempre,
pero siempre,
hace daño.

Me hiciste tiritar de frío
mientras yo te hice temblar ante mi carta de despedida,
en la que te escribía lo profundo que llegaste a calarme
y que a pesar de ello te seguí pensando años después.

Ojalá me olvides para así ser libre,
soltarme de tu mano,
del fantasma que quedó arraigado a mi piel,
el sótano donde sonrío mientras tú miras otro horizonte.

Todo termina mal:
uno en lágrimas
y quien se va, el único que puede detenerlas.

Que te quiera sin filtros,
con los dientes chuecos,
con la mirada perdida
y el pelo hecho un desastre.

Que te quiera recién despierta,
cuando estás insoportable,
cuando las ilusiones mueran para ti
y las estrellas sigan el mismo camino.

Que te quiera cuando seas Sol
y ardas
y quemes a cuantos te rodeen:
que entienda que eres caótica e infernal
y que aún así, siendo huracán e infierno,
se quede
para besarte las costillas,
los lagrimales,
la vida.

Que te quiera con tacones y con vans,
con vestido y con el deportivo,
con ropa y vulnerable,
sin miedos y con valentía.
Que sepa que para entrar a chicas como tú
se necesita despedirse de la cobardía.

Que te quiera en tus peores momentos,
que esté ahí para pelear contigo
y que pelee por ti cuando no tienes ánimo.

Que haga amanecer cuando quieres que el día termine
y quieres poner tu cabeza sobre su pecho
y encontrarte en cada latido
y comprobar que aún no estás muerta.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s