En el fondo de cada situación dolorosa, de cada fracaso, de cada sueño frustrado, de cada enfermedad, de cada relación insatisfactoria, de cada depresión, soledad o creatividad reprimida, está la necesidad de que esa persona perdone o se perdone pero sobre todo que SE QUIERA A SI MISMA.

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En el fondo de cada situación dolorosa, de cada fracaso, de cada sueño frustrado, de cada enfermedad, de cada relación insatisfactoria, de cada depresión, soledad o creatividad reprimida, está la necesidad de que esa persona perdone o se perdone pero sobre todo que SE QUIERA A SI MISMA.

Tiene la forma de querer comerse el mundo,
su mirada atraviesa como balas a donde mira,
su voz es una canción que hace tiempo dejó de ser favorita
en la radio.

Baila por las noches hasta quedarse dormida,
hasta caer rendida al mismo abismo donde tuvo que hacerse fuerte,
miente cada vez que le preguntan si le pasa algo
y es alguien por lo que está mal.

Sueña con volar a Chicago en invierno
y viajar por todo el mundo.
Casarse en Las Vegas
y tener una casa con vista a California Beach.
No despertar en el mismo lugar
donde ha querido no abrir los ojos nunca más.

Es una chica con espinas,
pero es ella quien siempre ha estado sangrando,
quien siempre ha estado herida
y sonríe desde la grieta.
Y comprendes que el sol también llega
a los rincones más oscuros de la ciudad.

Es gravedad,
tiempo
y kilómetros.
Pobre de aquel que se enamore de ella,
porque terminará haciéndole caer,
destrozándole los relojes
y pondrá distancia entre medio
cuando se sienta triste y sola.
Y más nunca la volverá a ver.
Ni a mirar.

Nació para morir,
aunque siempre prefirió vivir entre un abrazo;
la noche siempre será joven
si es en sus pestañas donde te conviertes en cenizas;
permíteme decirte que,
chicas como ella están en cada rincón del mundo,
pero chicas que sientan como ella
se encuentra una a cierta distancia del cosmos.

Olvídala para siempre
y será su fantasma quien siempre te perseguirá.
Cada chica que conozcas te recordará a ella,
cada sonrisa desconocida te sonará conocida,
cada caricia de manos ajenas te helará al darte cuenta que una vez hubo unas manos que perdieron su norte para encontrar la locura junto con las tuyas,
cada poema te sabrá amargo,
desearás no haber nacido para nunca haberte topado con su olvido.

Tú le hiciste daño mientras ella te cosió las alas,
tú le regalaste la luna mientras ella te abrió el universo y te lo puso en las palmas de las manos,
tú le cerraste el corazón mientras ella le cerró la puerta a tus miedos,
tú le enseñaste cómo vivir una vida sin ti mientras ella te enseñó cómo enfrentar una vida contigo,
tú le ataste con tu recuerdo mientras ella te liberó de toda cadena que te arrojase al profundo y oscuro precipicio donde ella se encuentra.

Siempre que pases cerca de una ciudad en pleno otoño, por muy milimétrica que sea la distancia entre tú y la estación, pisarás una hoja seca y chasqueará. Y ese sonido te recordará a la vez en la que le rompiste el corazón y ella tuvo que marcharse hecha pedazos. Y te mirarás las manos y, de repente, sentirás que desde que ella te soltó, has estado en busca de su calor nuevamente. Y echarás malditamente de menos sus manos.

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